De muy interesante se podría calificar la entrevista al escritor y filósofo Antonio Fornés, que apareció ayer en la contraportada del diario ABC. El pensador nos invita a reflexionar y a cuestionarnos todo, muy especialmente, el actual modelo de sociedad basado en el trabajo. A continuación, paso a reproducir la entrevista:Plantea usted un punto de arranque atractivo: «Somos como el péndulo de un reloj, nos movemos hasta la extenuación pero seguimos donde estábamos».
-Es uno de los elementos del mundo occidental: la barahúnda horrorosa del trabajo. Formamos parte de un engranaje, de una maquinaria. No paramos de hacer cosas, pero somos piezas sustituibles y no avanzamos hacia ningún sitio. Eso nos condena a la superficialidad, a ser banales; a llegar a casa cansados y no tener ni un momento para reflexionar. Y no nos damos cuenta de que realmente sólo somos seres humanos cuando dejamos de hacer cosas y pensamos. El conocimiento no nos va a hacer que ganemos más dinero, pero va a hacer algo más importante, que es transformarnos, y eso nos hace más dignos como seres humanos.
-Es uno de los elementos del mundo occidental: la barahúnda horrorosa del trabajo. Formamos parte de un engranaje, de una maquinaria. No paramos de hacer cosas, pero somos piezas sustituibles y no avanzamos hacia ningún sitio. Eso nos condena a la superficialidad, a ser banales; a llegar a casa cansados y no tener ni un momento para reflexionar. Y no nos damos cuenta de que realmente sólo somos seres humanos cuando dejamos de hacer cosas y pensamos. El conocimiento no nos va a hacer que ganemos más dinero, pero va a hacer algo más importante, que es transformarnos, y eso nos hace más dignos como seres humanos.
-Ilumine un poco más lo que propone.
-Siempre pongo el mismo ejemplo: érase una vez un pueblecito...
-¿Un cuento, o más bien apólogo con moraleja?
-Sigo... Allí hay una montaña, y los habitantes del lugar han dicho siempre que al otro lado de la cima no hay nada, pero nunca la han escalado. Hasta que un vecino se plantea «pues yo quiero comprobarlo», y se pone a ello, Pasa frío y calamidades, pero al final alcanza la cumbre y ¿qué es lo que ve?
-¡Que sí había algo!
-No, al contrario. Efectivamente, al otro lado de la montaña no había nada. Con lo que en realidad él y los del pueblo saben lo mismo, pero él no es igual que los demás: se ha transformado y ha crecido, tiene otra visión del mundo.
-Apela a cuestionarlo todo.
-La actitud del ser humano no debe ser la de contestarlo todo, sino la de preguntarse por todo. Escuchar todas las opciones y empezar un camino popperiano hacia el conocimiento, que sabemos que es un camino sin fin, pero por el que vamos marchando...
-En la práctica, no es fácil hallar ese recogimiento para filosofar.
-¡Al final, todos vivimos en la vorágine, tenemos hipoteca y no queremos ser ermitaños! Pero llega un momento en que debemos decir «basta», porque una vida que no sea reflexionada no merece ser vivida. Porque llegar a los 65 años, jubilarnos y comprobar que no hemos hecho más que trabajar...
-«Nacidos para pagar», en suma.
-Exactamente; pero eso es un vaciamiento tan brutal, una alienación tan salvaje, que no vale la pena. Es mejor renunciar a muchas cosas (aunque, ojo, es más fácil decirlo que hacerlo) y detenerse. Uno debería permitirse momentos de interiorización.
-¿La crisis nos ayudará a distanciarnos de esa pulsión estajanovista?
-¡Es que con la crisis oímos eso de que hay que trabajar más todavía, que hemos de llevar la jubilación a los setenta años! Y eso es tremendo. Si la crisis nos sirve para pararnos a pensar en otras cosas, perfecto, pero vemos un discurso que va en la otra línea, en la de «tengo que trabajar más», como si todo fuera entregar nuestra vida para que el sistema económico mejore. Cuando la empresa se convierte en el fin último, dejamos de ser personas.
-También desmonta en su libro no pocos tópicos contemporáneos, como el de la globalización.
-Porque viajo mucho y te aseguro que a la mayor parte de la gente del Tercer Mundo le encantaría ser globalizada. Hay una demagogia brutal sobre eso. Les insistimos en que nosotros hemos destrozado nuestra parte del planeta y en que ellos no deben hacer lo mismo. ¿Es que hay que negarles el aire acondicionado, si lo quieren?


Tengo el placer de inaugurar hoy, el blog “la bombilla perdida”. Y lo hago con una entrada que relaciona distintos aspectos de nuestra vida cotidiana, y que me empuja a reflexionar sobre una cuestión que toda persona que merezca ser llamada así, se ha planteado en alguna ocasión de su vida: ¿Cuál es el sentido de la existencia?