jueves, 30 de abril de 2009

"Si trabajar se convierte en el fin último, dejamos de ser personas"

De muy interesante se podría calificar la entrevista al escritor y filósofo Antonio Fornés, que apareció ayer en la contraportada del diario ABC. El pensador nos invita a reflexionar y a cuestionarnos todo, muy especialmente, el actual modelo de sociedad basado en el trabajo. A continuación, paso a reproducir la entrevista:


Plantea usted un punto de arranque atractivo: «Somos como el péndulo de un reloj, nos movemos hasta la extenuación pero seguimos donde estábamos».
-Es uno de los elementos del mundo occidental: la barahúnda horrorosa del trabajo. Formamos parte de un engranaje, de una maquinaria. No paramos de hacer cosas, pero somos piezas sustituibles y no avanzamos hacia ningún sitio. Eso nos condena a la superficialidad, a ser banales; a llegar a casa cansados y no tener ni un momento para reflexionar. Y no nos damos cuenta de que realmente sólo somos seres humanos cuando dejamos de hacer cosas y pensamos. El conocimiento no nos va a hacer que ganemos más dinero, pero va a hacer algo más importante, que es transformarnos, y eso nos hace más dignos como seres humanos.

-Ilumine un poco más lo que propone.
-Siempre pongo el mismo ejemplo: érase una vez un pueblecito...

-¿Un cuento, o más bien apólogo con moraleja?
-Sigo... Allí hay una montaña, y los habitantes del lugar han dicho siempre que al otro lado de la cima no hay nada, pero nunca la han escalado. Hasta que un vecino se plantea «pues yo quiero comprobarlo», y se pone a ello, Pasa frío y calamidades, pero al final alcanza la cumbre y ¿qué es lo que ve?

-¡Que sí había algo!
-No, al contrario. Efectivamente, al otro lado de la montaña no había nada. Con lo que en realidad él y los del pueblo saben lo mismo, pero él no es igual que los demás: se ha transformado y ha crecido, tiene otra visión del mundo.

-Apela a cuestionarlo todo.
-La actitud del ser humano no debe ser la de contestarlo todo, sino la de preguntarse por todo. Escuchar todas las opciones y empezar un camino popperiano hacia el conocimiento, que sabemos que es un camino sin fin, pero por el que vamos marchando...

-En la práctica, no es fácil hallar ese recogimiento para filosofar.
-¡Al final, todos vivimos en la vorágine, tenemos hipoteca y no queremos ser ermitaños! Pero llega un momento en que debemos decir «basta», porque una vida que no sea reflexionada no merece ser vivida. Porque llegar a los 65 años, jubilarnos y comprobar que no hemos hecho más que trabajar...

-«Nacidos para pagar», en suma.
-Exactamente; pero eso es un vaciamiento tan brutal, una alienación tan salvaje, que no vale la pena. Es mejor renunciar a muchas cosas (aunque, ojo, es más fácil decirlo que hacerlo) y detenerse. Uno debería permitirse momentos de interiorización.

-¿La crisis nos ayudará a distanciarnos de esa pulsión estajanovista?
-¡Es que con la crisis oímos eso de que hay que trabajar más todavía, que hemos de llevar la jubilación a los setenta años! Y eso es tremendo. Si la crisis nos sirve para pararnos a pensar en otras cosas, perfecto, pero vemos un discurso que va en la otra línea, en la de «tengo que trabajar más», como si todo fuera entregar nuestra vida para que el sistema económico mejore. Cuando la empresa se convierte en el fin último, dejamos de ser personas.

-También desmonta en su libro no pocos tópicos contemporáneos, como el de la globalización.
-Porque viajo mucho y te aseguro que a la mayor parte de la gente del Tercer Mundo le encantaría ser globalizada. Hay una demagogia brutal sobre eso. Les insistimos en que nosotros hemos destrozado nuestra parte del planeta y en que ellos no deben hacer lo mismo. ¿Es que hay que negarles el aire acondicionado, si lo quieren?

martes, 28 de abril de 2009

¿Amigos para siempre?

“Afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato”. Con estas palabras define el diccionario de la RAE el concepto de amistad. Cierto es, que el lenguaje, como siempre, se vuelve a quedar corto como herramienta para explicar los distintos sentimientos entre personas.

En toda amistad que merezca ser llamada así, se dan unos principios básicos que, en parte, pueden ser comunes con las de otros tipos de relaciones humanas. Así, podríamos afirmar que este vínculo se sustenta principalmente sobre sentimientos compartidos de confianza, empatía, simpatía mutua, fidelidad y reciprocidad.

Son numerosos los psicólogos que afirman que la amistad como vínculo tiene una menor intensidad que el amor (entendido en su concepción clásica, romántica). Sin embargo, también comentan que es más duradero que éste. Esto nos llevaría a plantearnos si es cierto aquello de que “los amigos son para siempre”.

En este sentido, y a modo de reflexión personal, creo que nos encontramos en un escenario muy interesante a la hora de contraponer argumentos; Por un lado, es cierto que con los actuales medios de comunicación (Internet, móvil) parece más accesible mantener un contacto regular con otras personas. Pero, por otro, no podemos olvidar que en una sociedad como la actual, basada en lo efímero, se nos revela como más difícil conservar y cultivar estos vínculos, ya que están cada vez más subordinados a otros factores de tipo coyuntural (tiempo, trabajo, cambios de lugar de residencia…).

Sin embargo, a este respecto, creo que mientras conservemos la memoria... allí almacenaremos guardados bajo llave “pequeños momentos de amistad” compartidos con otras personas, lo que demuestra, en mi opinión, que el vinculo de amistad puede ser imperecedero, en la medida en que siempre estará presente en nuestras vidas, aunque estas personas no lo estén… o por lo menos no en la forma en que lo estaban antes.

lunes, 27 de abril de 2009

El placer de ser infiel

Fue el filósofo José Ortega y Gasset quién pronunció aquello de que "la lealtad es la distancia más corta entre dos corazones". Pero parece que esta frase ha quedado anticuada... o mejor dicho, siguendo el argot de la moda , esta "fuera de temporada". Esto es lo que se desprende del artículo "el placer de ser infiel", que aparece en el número de abril de la revista femenina "Marie Claire". Con este reportaje, parece que el magazín quiere aportar su "granito de arena" en la lucha por los derechos de la mujer . Pero... se preguntaran... ¿como semejante artículo llega a mi manos?... En pocas palabras; Sábado, 25 de abril, media tarde, casa de mi hermana mayor, conversación familiar… veo una revista. No puedo evitar la curiosidad, la cojo y hago un breve repaso a cámara rápida… cuando ¡zas! algo me llama la atención… “Disfrutar del sexo con alguien diferente a tu pareja puede convertirse en el balón de oxigeno que necesita tu relación”. Con esta frase arranca este instructivo artículo.

La revista “Marie Clairereivindica el carácter pedagógico de la infidelidad; Engañar, manipular y mentir tiene un lado positivo. “Después del desliz el infiel vuelve con una actitud nueva que reactiva los deseos dormidos en la pareja” afirma la sexóloga Alicia Galloti en el reportaje. En este sentido, y bajo el título “Como ser infiel y salir bien parada” la revista no duda en presentar una autentica “guía rápida” para enseñar a sus lectoras a ser infieles con alevosía y premeditación. En este curioso decálogo compuesto por siete reglas, se pueden leer algunas de las siguientes frases: “la mejor baza de la mujer es hacerse la ingenua” o “sé infiel en el trabajo ya que siempre puedes decir que estabas en una reunión con tu jefe”.

Capítulo aparte merece el tratamiento del sexo masculino en el reportaje. Los hombres son descritos por la revista como “tipos que nunca se dan cuenta de nada, a menos que te vean con el otro por la calle”. En otras palabras, perfectos candidatos a ser engañados por sus parejas sentimentales.

Después de revisar esta autentica "enciclopedia" de la infidelidad femenina, y dejando a un lado la moral un tanto "distraida" del reportaje, son varias las preguntas que me rondan la cabeza: ¿Y si se hubiera producido el caso contrario? Es decir, que una revista dirigida al sexo masculino (Man, GQ, FHM, DT…) y con una tirada como en el caso de “Marie Claire”, de más de 220.000 ejemplares, publicara un manual de instrucciones de cómo ser infiel a tu novia o mujer… bajo la afirmación de que “las mujeres nunca se dan cuenta de nada”…

¿Qué pasaría? ¿Cuántas asociaciones feministas habrían saltado ya exigiendo enfurecidas la retirada de dicha publicación? ¿Habría intervenido ya el ministerio de igualdad apelando al “machismo reinante en la sociedad”?

domingo, 26 de abril de 2009

"El asesino difuso: Algunos motivos que pueden servir para esquivarlo"

Tengo el placer de inaugurar hoy, el blog “la bombilla perdida”. Y lo hago con una entrada que relaciona distintos aspectos de nuestra vida cotidiana, y que me empuja a reflexionar sobre una cuestión que toda persona que merezca ser llamada así, se ha planteado en alguna ocasión de su vida: ¿Cuál es el sentido de la existencia?

Podríamos entrar en un complejo debate aludiendo a todo tipo de teorías filosóficas, metafísicas, científicas o incluso teológicas… pero aún así creo que no llegaríamos nunca a un punto en común.

En este sentido, navegando por internet encontré algo que me resultó bastante interesante y que me hizo reflexionar acerca de la cantidad de razones que puede haber para vivir según cada cual; Se trata de los motivos para seguir adelante del director argentino Adolfo Aristarain (“Un lugar en el mundo”), y están recogidos en el libro "Adolfo Aristarain: Tres Películas". Es la lista completa que le escribe el personaje de Federico Luppi a su hijo en la película “Martin Hache”, del mismo realizador. Allá van:



“El asesino difuso: Algunos motivos que pueden servir para esquivarlo”

- Por puro instinto vital.
- Por el placer de saberse lúcido.
- Por curiosidad: por saber qué pasará mañana y cómo será uno mañana.
- Por el asombro que provoca ser el mismo, pero distinto, cada día, día a día, año a año.
- Por la aventura, que existe, que se puede vivir, y que deriva de “advenir” qué es lo que llega, lo que sucede. Es la atracción del riesgo, del peligro, de la suerte, de la fortuna, del romance, del suceso extraño. Y todo está ahí, aquí y ahora, si uno busca.
- Por la aventura de pensar.
- Por el placer de imaginar historias, de vivir vidas imaginarias, de seducir y cautiva a los demás haciéndoles vivir otras vidas si uno tiene el talento para contarlas.
- Por intentar hacer lo que sea, lo que se quiera, aunque no se consiga, sintiendo el placer del intento.
- Por la sensación de poder; el temor y el asombro que se siente al comprobar que uno no tiene más límites que los que se quiera imponer, que sea capaz de la mayor crueldad y de la mayor bondad y que se puede elegir.
- Por el amor de una mujer, o por amar a una mujer y a los hijos que uno tenga con ella o con ellas. (O a un hombre, si uno es mujer. O por amar a alguien según la sexualidad de cada uno.)
- Por conocer lo indescifrable del amor a los hijos.
- Por convivir con el pánico que provoca el saber que el sentimiento es irracional.
- Para saber si seremos capaces de sobrevivir cuando nos toque sufrir, y que nos toque poco y que nadie quiera consolarnos con teorías idiotas como que el dolor es necesario para conocer el placer o la alegría.
- Por dejarse arrastrar al vacío por la pasión, que es tan irracional como el sentimiento, que se parece y confunde y que tiene el poder de destruir y si a veces no lo consigue es porque es tan intensa como breve. El riesgo vale la pena.
- Por las mujeres o por los hombres que uno conocerá y amará.
- Por el placer de comer y beber con amigos y amantes.
- Por amanecer en los bares, bebiendo y filosofando.
- Por elegir libremente los principios que le marcarán a uno la conducta que uno debe seguir.
- Por pelear para defender esos principios.
- Por contemplar el desconcierto y la ira de los hipócritas cuando descubren que uno pelea en serio y que no está dispuesto a pactar.
- Por el placer de ver como aumenta el desconcierto cuando, entre una importante cantidad de dinero y los principios, uno elige sin pestañear los principios.
- Porque hay libros que no se han leído, películas que no se han visto y, lo que es lo mismo, gente que aún no se ha conocido.
- Porque vivir para descubrir las razones que hay para seguir viviendo es también una muy buena razón.
- Porque cada ser humano es único, pero también es gregario: somos personas que formamos parte de un grupo sin distinguirnos de los demás en lo esencial. La soledad, la alegría, la tristeza, la furia; todo lo que nos parece sólo nuestro e intransferible o imposible de comunicar, en algún momento se comparte con los muchos miles o millones que componen la especie humana.
- Porque ...



Recopilado del libro "Adolfo Aristarain
: tres películas"
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