
Hubo un momento en el que se me hizo muy difícil ser honesto conmigo
mismo, y escribir lo que realmente quería escribir. No puedes dejar de pensar
que el texto que estás creando va a ser leído por personas que conoces, y
aunque sea inconscientemente, acabas escribiendo más para ellos que para ti
mismo. Al final, acabas traicionándote. Y lo peor, es que muchas veces no eres
consciente de ello. Simplemente, no lo puedes evitar.
En esas circunstancias, la esencia con la que había nacido
este blog… la de combatir mi insomnio, y dar rienda a mi charlatanería infinita, se había perdido. Y en esas condiciones decidí abandonar el barco.
Hoy vuelvo al mar, dispuesto a surcar nuevos mares y océanos.
Me siento como uno de esos vetustos
capitanes que un día, después de
muchísimo tiempo en tierra, decide embarcarse de nuevo rumbo a lo desconocido.
En el fondo, el viejo capitán siempre supo que vivir en tierra firme era muy
aburrido.
“A veces no hacemos cosas que queremos hacer para que los demás no sepan que queremos hacerlas” dice el personaje de Joaquin Phoenix en la, por otra parte, muy infravalorada película de Shyamalan “El bosque”. Lo mismo pasa con las palabras, y el problema es que a veces somos muy poco conscientes de hasta qué punto decimos (o no decimos) lo que los demás esperan (o no) que digamos.
En fin… un lío, como lo es la vida en
general. Y sobre esos líos espero poder volver a escribir (Si Doña Pereza no lo evita). Hablando de personajes, parece ser que el Señor Morfeo está tocando ahora mismo la
puerta. Hoy lo hace pronto. Espero que me lleve a algún sitio interesante esta
noche. Es muy caprichoso, pero sospecho que hoy se portará bien… me debe una.
Espero que también se comporte con ustedes, y no haga una de las suyas. Hasta la próxima. Buenas noches.