sábado, 13 de noviembre de 2010

Y ya van 40 (deconstruyendo a la bombilla perdida)…

“Tengo el placer de inaugurar hoy, el blog la bombilla perdida”. Con estas palabras arrancaba esta humilde bitácora, el 26 de abril del 2010. Durante varios meses, no le dije a nadie de la existencia de este blog, así que prácticamente era yo el único visitante de “la bombilla perdida”.

Pasados unos meses, un amigo, “googleando”, descubrió este rincón, y poco a poco fueron conociéndolo más amigos… hasta que, a finales de septiembre del año pasado (unos seis meses después de su creación), decidí dar a conocer la existencia de este blog.

Viendo el camino recorrido, la verdad es que me sorprendo a mi mismo; Creo que nunca hubiera imaginado, que llegaría a las 40 entradas publicadas; Y ni mucho menos, pensaba que podría alcanzar las 90 páginas de Word escritas (la extensión total de los 40 artículos publicados en esta bitácora).

Así que éste menda que hoy vuelve a escribir, les anima a que no tengan miedo, a que si piensan que tienen cosas que decir, lo hagan… y es que nunca fue tan fácil tener un rincón donde compartir opiniones y puntos de vista con amigos, conocidos y fieles de la blogosfera. Y lo mejor, en mi opinión: Tener un blog, es la mejor de las “excusas” para mantener el contacto con viejos amigos y compañeros que uno no tiene la oportunidad de ver mucho, pero con los que gracias a tener una bitácora, puede intercambiar impresiones que van más allá del clásico y manido ¿Qué tal? ó ¿Cómo te va?... Y solo por eso, ya merece la pena haber creado “la bombilla perdida”.

En fin, me prometí a mi mismo hace unas semanas, que intentaría ser menos pesado, y escribir entradas más cortas. Así que voy directamente al grano; A pesar de que considero a “la bombilla perdida” un autentico cajón de sastre, en el que tienen cabida los más variados asuntos, hay una serie de temas comunes que se repiten, y que configuran la verdadera identidad de “la bombilla perdida”. Hagamos un repaso rápido a estos “siete pecado capitales”:


- La amistad: En mi opinión, una de las cosas más importantes de la vida, y así lo he reflejado en este blog; Artículos como “Amigos para siempre”, “Amistades de cine”, o “Esa cosa”, tratan directamente este asunto.

- El cine: Una de mis más grandes pasiones. La mayoría de los artículos contienen referencias cinéfilas; Por ejemplo, muchos de los títulos de las entradas remiten a películas (“La noche es más oscura justo antes del amanecer” es una frase extraída de “El caballero oscuro” de Christopher Nolan, ó “Ana Obregón, el síndrome de Benjamín Button y los Malditos Bastardos”, hace referencia directa a las películas del mismo nombre de David Fincher y Quentin Tarantino). Así mismo, en “la bombilla perdida”, menciono, casi sin darme cuenta, algunas de mis películas favoritas: “Uno de los nuestros”, “Forrest Gump”, “Cadena Perpetúa”, “Que bello es vivir”, “Big Fish”, “El Sexto sentido”, etc.

- Las mujeres: A veces nos dan dolores de cabeza, en otras ocasiones nos quitan el sueño… pero al fin y al cabo ¿Qué íbamos a hacer en este mundo sin ellas? La verdad, es que inspiran directa o directamente muchas de estas 40 entradas; “Mujeres y hombres y viceversa”, “Conversaciones de humo y cerveza" (los dos volúmenes) o “El placer de ser infiel”, son un claro ejemplo de ello.

- Las redes sociales: El lugar virtual donde he pasado, desgraciadamente, más horas de las que debería. Pues sí, en el mundo moderno, la cosa va de perfiles, etiquetas y botones de inicio. He expuesto mi punto de vista acerca de este tema, en “Tuenti y los diez grandes enigmas de la humanidad” ó “Viva el capitalismo”.

- La vida universitaria: Otro de los temas clásicos de la “bombilla perdida”. Seis años de mi vida entre residencias, botellones, bibliotecas, fotocopisterias y más botellones ¿Cómo no iba a hablar de ello? Artículos como “El botellón, la noche universitaria y sus diez personajes autóctonos” ó “El hombre que descubrió la respuesta… “, dan constancia de mi paso por la facultad (aunque no fuera, precisamente, un “fanático” de ir a clase).

- La noche: Desde que me fui “de casa” con 18 años, he pasado muchas más horas despierto de noche que de día. Tanto es así, que prácticamente todos los artículos publicados en esta bitácora han sido escritos entre las 3 y las 6 de la mañana. Entradas como “Para aquellos que sintonizan teletecho”, ó “Y pasaron 133 largas noches…” dan fe de ello.

- Los recuerdos y el paso del tiempo: Soy un nostálgico, de esos que si uno “les da coba”, no pueden evitar contar de vez en cuando alguna “gloriosa batallita” del pasado, a lo Ted Mosby en “Como conocí a vuestra madre” (pobres hijos…).


En fin, espero no haber sido muy pesado con este psicoanálisis “bloguero”. Solo me queda dar las gracias desde aquí, a todas las personas que han leído en alguna ocasión “la bombilla perdida”; Si han llegado hasta aquí, gracias una vez más, por soportar las “pequeñas tonterías” que he escrito en esta humilde bitácora. ¡Un saludo a todos!


jueves, 11 de noviembre de 2010

Sobre el ingeniero misterioso y la extraña montaña rusa que creó…

 ¿Nunca han sentido vértigo? Sí, les hablo de esa extraña sensación que uno siente cuando mira atrás y se da cuenta que el tiempo pasa inexorablemente… y lo hace cada día más deprisa, mientras uno intenta convencerlo para que paré… pero no, es imposible negociar con él, ya que no conoce de sobornos y solo queda resignarse ante su fugaz paso, que anuncia una gran verdad; El tiempo nunca parará de correr, porque nadie puede contra él, y da igual lo que hagamos… que éste siempre nos acaba venciendo a todos.

He empezado hablando del tiempo, pero les tengo que confesar una cosa: A veces me da la sensación que vivir es como estar montado en una extraña rusa que da vueltas sin parar. Y lo cierto, es que durante el trayecto uno piensa más de una vez, para que subió a ésta atracción de feria, cual es el objetivo de dar tantas y tantas vueltas.

Lo cierto, es que cuando tenía 18 años pensaba que no tardaría mucho en conocer la respuesta, ¡ignorante de mí! Seis años, y dos licenciaturas después, y la verdad es que no tengo la respuesta… es más, a pesar de tener la impresión de haber aprendido muchísimas cosas sobre la extraña montaña rusa en la que estoy montado… creo que cada día tengo en la mente más preguntas acerca de su funcionamiento y del misterioso ingeniero que la creó.

Y eso a pesar de haber tenido más de mil compañeros de vagón, de haber estado en lo más alto y en lo más bajo, o haberle hecho cientos de preguntas sin respuesta a la persona que me vendió el ticket para subirme en esta curiosa atracción de feria…

Sí, lo sé, últimamente me he puesto muy introspectivo en el blog… y eso a pesar de que cuando lo creé tenia un mandamiento que he violado de manera sistemática una y otra vez: Qué este blog fuera lo menos personal posible.

Pero es que, querid@s amigos, escribir es hablar de uno mismo, de lo que le define… y uno siempre habla de lo que conoce; No puedo escribir sobre la luna, porque nunca he estado allí (por lo menos no de manera física)… pero si que puedo disertar acerca de mis vivencias en la tierra, de los momentos que he compartido con mis amig@s, de las películas que he visto, de las alegrías y penas que he experimentado… porque sí, sin duda, todo esto es lo que hace que merezca la pena el viaje en esta extraña montaña rusa llamada vida.

Seguiré dando vueltas espero que mucho tiempo más, pero eso sí, les prometo que volveré a escribir artículos “más ligeros” y desenfadados; Esto será después de la entrada “especial” que servirá para celebrar un hecho importante para este blog: 40 artículos publicados en “la bombilla perdida”. Les esperó la próxima semana.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Para aquellos que sintonizan "teletecho"...

Juro que lo he intentado. Me he acostado, he cerrado los ojos y… sí, lo han adivinado… obviamente, no he podido dormir, porque si lo hubiera conseguido, estas líneas no existirían.

La verdad es que durante el día uno se puede distraer con cualquier cosa con tal de “no pensar” (curiosa expresión que se le asigna a una acción totalmente irrealizable, ya lo decía Descartes: “Pienso luego existo”). Mejor dicho, se tendría que decir, tratar de no pensar en lo que no se quiere o no se debe pensar. Sigamos con la disertación, que me pongo pedante…

Total, que con el firme propósito anterior, uno se pasa el día “haciendo cosas” (otra de esas extrañas expresiones sin sentido): viendo películas, hablando con la gente, tomándose unas cañas con los amigos, leyendo, trabajando (o por lo menos haciendo como que trabaja…), pero lo cierto es que hay un momento durante el día, en el que ya no te puedes volver a mentir a ti mismo, es el momento de “la verdad”; ese instante en el que nos es totalmente imposible inventar una nueva treta con la que lograr escapar de nuestros propios pensamientos, de nuestros verdaderos sentimientos…

Si, estoy hablando del momento en el que uno se acuesta en su cama y cierra los ojos esperanzado en que la luz de la conciencia se apague por unas horas… pero no, la bombilla sigue encendida… y por mucho que le des al interruptor, allí permaneces, con la única compañía del tic-tac del despertador en continúa cuenta atrás.

Es la ley de quien es aficionado al ocio nocturno (por llamarlo de alguna manera) y sintoniza “teletecho” con asiduidad; pasar la noche en vela acostado en la cama mirando el techo de la habitación (como si de la nueva televisión de plasma del salón se tratara), pensando… ¿o tendría que decir mejor, pensando que uno piensa?

Lo más curioso de todo, es que los “teletechos” son extremadamente caprichosos y no se dejan controlar por nadie. Sí, se rebelan contra sus dueños y emiten lo que “les da la gana”, ajenos a la voluntad y deseo de sus poseedores. Para muestra un botón; Mi “teletecho” aparentemente solo tiene un canal, que además emite el mismo programa una y otra vez, y sin anuncios… y eso a pesar de que luche con todas mis fuerzas por cambiar de canal, aunque lo re-sintonice para captar nuevas frecuencias, o incluso renueve una y otra vez las pilas del mando a distancia de mi cabeza.

En fin, este pobre insomne que aquí habla, les abandona, dispuesto a lograr la más épica y heroica hazaña que una persona pueda alcanzar en estas intempestivas horas de la madrugada: Apagar por fin el perverso “teletecho” y dormir como una marmota.

Buenas noches queridas bombillas y “bombillos”; Y recuerden, tengan mucho cuidado con los “teletechos”… quedan avisados.
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