domingo, 29 de noviembre de 2009

Sobre accidentes y cajas de bombones...

Tenía pensado dedicar esta entrada a un sueño que tuve hace dos días. Ayer mismo por la noche, como no, estaba escribiendo sobre ello. Pero es increíble como la vida se empeña en dictar su propia ley, como si algún extraño guionista se obsesionara en hacer de las suyas, en escribir su propia epopeya… sin importarle demasiado la opinión de sus protagonistas.

Así que por fuerza mayor, me veo obligado a escribir esta entrada. El relato de mi día de hoy, bueno…mejor dicho ayer, porque a estas horas de la madrugada ya es domingo. Un sábado 28 de septiembre me disponía a ir a Alicante. Una hora de cómodo viaje. Tenía que recoger unos apuntes que me prestaba un amigo, y además había quedado para comer con viejos camaradas. Cogí el coche familiar, un Opel Astra de unos diez años de edad.

Y en esas estaba conduciendo. Parecía uno de esos días normales en los que no pasa “nada”, en el buen sentido de la palabra. Pero me equivocaba. La vida me deparaba una de sus extrañas jugarretas, una de sus pesadas bromas, aunque eso si… con final feliz esta vez.

Llevaba 40 minutos de viaje tranquilo cuando en unos escasos segundos todo dio un giro de 180 grados. Y la verdad es que me resulta casi imposible describir en unos pocos vocablos lo que pasó, porque no lo sé ni yo: Solo recuerdo que el coche de delante de mí dio un brusco frenazo mientras miraba yo en el retrovisor el automóvil de atrás…

En ese mismo instante me vi obligado a frenar a fondo para no estamparme contra él, pegando un volantazo, quizás, no sé… pero, lo cierto, es que a partir de aquí solo me acuerdo de la extraña sensación de perder el control de mi coche a 150 kilómetros por hora.

Y serían insuficientes todas las palabras del mundo para describir todo lo que sentí en esos instantes; todo lo que pasó por mi mente durante los segundos que transcurrieron desde que mi viejo Opel derrapó… hasta que acabó empotrado en la mediana de la autopista.

Fueron momentos muy intensos. Dudaría en afirmar si esos segundos pasaron rápido o si se prolongaron eternamente, como si el tiempo quisiese bailar al son de los trompos que realizaba el vehículo. Mientras, el que aquí escribe, pisaba con todas sus fuerzas el freno, angustiado, lleno de congoja… deseoso de poder fabricar una treta con la que burlar su aciago destino…

Pero la maquina seguía bailando, danzando sobre si misma, mientras que el quitamiedos cada vez estaba más cerca… esperando pacientemente a su presa. Y fue en ese preciso momento, en el que este humilde servidor sintió el impacto seco de este invitado a la función. Y solo se le ocurrió cerrar los ojos tan fuerte como pudo, esperando poder volver a abrirlos; mientras sentía el fuerte abrazo del cinturón de seguridad convertido ahora en improvisado ángel de la guarda... mientras parecía que la función llegaba a su fin... mientras recordaba que hace tan solo dos días había rondado la señora de negro de la guadaña por sus sueños…

Y después del fundido en negro, descubrió que la película continuaba, que había una segunda parte, que sus ojos se abrían. Pasaron segundos, quizás minutos, y este charlatán salió de su anciano Opel. Estaba aturdido, no sabia con exactitud donde se encontraba, que había pasado… era como cuando uno se levanta violentamente de la cama conmocionado por uno de esos extraños sueños que no es capaz de reconstruir, de entender… y no sabe si esta en este mundo o en el otro… o quizás en ninguno de los dos.

En ese mismo momento, “El hombre que no amaba las mañanas” descubrió a unos metros, tres coches de policía y un par de ambulancias. Caminó hacia la cuneta en el instante en el que dos extraños se acercaban a preguntarle “si estaba bien”, si “le había pasado algo”. Pero este infame “pobre diablo” solo podía mirar a su viejo “Cadillac solitario”, convertido ahora en un simple amasijo de chatarra… en carne de algún vulgar desguace.

Hoy aprecio más que nunca el ruido que hace “el Señor de la hora” del salón de mi casa cuando pasan los segundos... y eso a pesar de cada reloj de según cada quien tiene diferente hora. Prometo, a partir de ahora, degustar aún más cada instante que se cruza en ese fugaz tiempo que se hace dueño de estas palabras.

Y prometo hacer más caso a la DGT, poner dos pares de ojos más cuando conduzco… porque me gusta la vida, amo esta pequeña aventura, este viaje, esta película…que a veces es un drama, otras una comedia y casi siempre ciencia ficción. Y eso que a veces los inviernos son muy fríos y las noches muy oscuras… como si aquello que algún día soñamos, o imaginamos, pareciera más lejano, como si entre la vida y los sueños hubieran más peldaños que los de unas escaleras que se hubieran montado en el salón de nuestras casas y que llevaran directamente a la luna.

Pero la historia de hoy, a pesar de todo, tiene final feliz. Porque se podría a ver dado miles de combinaciones dignas del "éxodo" de una buena tragedia griega, aquella parte final en la que los Dioses castigan al héroe por su error. Pero aquí estoy, como de costumbre, de madrugada, sano y salvo, “vivito y coleando”. Practicando en esta noche de sábado una de mis aficiones favoritas: la charlatanería.

Después de todo, será verdad aquello que dijo la “Mamá” de Forrest Gump: “La vida es como una caja de bombones, uno nunca sabe lo que le va a tocar”. Buenas noches queridos lectores. Mañana será otro día… a ver que bombón de la caja nos toca a cada uno….

miércoles, 25 de noviembre de 2009

La Diosa inspiración y el hombre que descubrió la respuesta al gran enigma de la ausencia de ventanas en las bibliotecas…

Es curioso el fluir de los días. El discurrir de las horas y minutos. Otra noche en vela en la que dar rienda a mi prosaica charlatanería, en la que escribir en compañía de los programas de televenta que emiten a estas horas y de un extraño intruso que pretende entrar en mi red wifi.

Y otra noche estrellada más aguardando a la Diosa inspiración, a que bajo su amparo pueda dar rienda a mi vacua verborrea. Hoy voy a hablar de las bibliotecas, ese lugar que nosotros los estudiantes conocemos tan bien, porque allí hemos pasado miles de horas intentando estudiar; pretendiendo concentrarnos entre un mar de apuntes, diversas colecciones de fosforescentes, algunos sucedáneos de bebidas energéticas, y unas cuantas señoritas de buen ver. Así que, aprovechando que los exámenes cada día están más cerca, voy a repasar algunas características básicas de toda biblioteca universitaria:

1- “La falta de ventanas que se puedan abrir”: Ayer leí una reflexión muy interesante de un amigo (que inspira y a su vez da titulo a esta entrada). Según sus propias palabras, las bibliotecas universitarias no tienen ventanas “para que la gente no suba al piso más alto en un descuido de su compañero de estudio" y "salten por una de ellas ante el panorama de una larga e infumable tarde de Domingo de estudio”. Profunda y genuina reflexión.

2- “El kit de estudio”: Todo buen estudiante tiene que ir a la biblioteca acompañado de una serie de gadgets (si, si… a lo James Bond…) que conforman el denominado “kit de estudio” y que lo hacen identificable a los ojos del resto de mortales. Entre estos objetos se incluirían unas gafas de pasta (lo que para el agente 007 serían las de visión nocturna), un par de latas de algún sucedáneo de Red bull, entre uno y cinco fosforescentes dependiendo del sexo de su propietario, bastantes apuntes, un bolígrafo y una botella de agua.

3- “Espectáculo de variedades”: En las bibliotecas de la universidad se ofertan diversas “espectáculos” en un completo 3x1. Veamos:

- Servicio de ligoteo: Muy rudimentario aún, triunfa aquí el clásico “papelito”.

- Servicio de pasarela: Por el mismo precio, el estudiante podrá asistir a un completo pase de modelos en el que no faltan estupendas féminas embutidas en ceñidas vestimentas, personajes “carnavalescos”, modernos de última generación... A gusto del espectador…

-Servicio de bufón: Muy interesante, 24 horas de interesante “live show”. Véase aquí; las clásicas caídas, las siempre presentes risas, polémicas estudiantiles, desajustes con maquinas expendedoras, etc.

4- “Tacones”: Por si no fuera suficientemente heroica la titánica misión del sufrido estudiante, éste tiene que enfrentarse a momentos realmente dramáticos que pondrán a prueba su fuerza de voluntad: Me refiero a ese fatídico trance en el que el citado “sufridor profesional”, que por fin ha logrado concentrarse, oye el odioso ruido de los tacones de alguna mujerzuela aspirante a “femme fatale”. Esta situación, deudora del mejor cine del maestro Hitchcock, normalmente produce dos tipos de reacciones diametralmente opuestas: Por un lado, la del público femenino que no podrá resistir la tentación de “poner a caldo” a “ésta” (palabras textuales), y por otra, la de los “espectadores” masculinos, que se verán “moralmente obligados” a abandonar sus estudios con el filantrópico fin de evaluar las “cualidades” de la señorita en cuestión.

5- “Efectos secundarios en el estudio”: Una cuestión fascinante que la ciencia debería tratar más a fondo. Estudiar produce un estado mental alterado así como sensaciones en el organismo francamente sorprendentes. Veamos algunos ejemplos:

- Acaba con el insomnio: Si usted padece este problema haga lo siguiente: Dirija sus ojos a unos apuntes con animo de estudiarlos detenidamente. En unos segundos será testigo de la aparición de bostezos que aumentaran de forma progresiva hasta provocar su total adormecimiento…

- Abre el apetito: ¿Come mal? ¿No tiene hambre? No se preocupe, si empieza a estudiar, a los pocos minutos se verá en la obligación “por fuerza mayor” de parar, debido a un repentino ataque de gula o una sed totalmente insaciable.

- Aumenta el deseo sexual: ¿Lleva dos años intentando seducir a esa preciosa señorita que nunca le hace el más mínimo caso? No se preocupe, llévela a estudiar y verá como sus posibilidades aumentan drásticamente debido a que se desarrolla una especie de “conexión espiritual” entre los compañeros de penurias. De todas formas, este punto es polémico y esta abierto a debate debido a la extraña e indescifrable naturaleza del sexo femenino.

viernes, 20 de noviembre de 2009

Los héroes de "FilmAffinity" y el enigmático guionista de la película de nuestras vidas

  Llevo dos semanas sin escribir aquí. Catorce días de conversaciones mundanas, de vinos baratos, de cervezas sin almas, de corazones fríos y cartones de bingo. La cuenta atrás sigue, y hoy he despistado nuevamente a Doña Pereza para hablar de un par de cosas que dan título a esta entrada.

FilmAffinity es una web en la que he pasado miles de horas, demasiadas diría yo, pero que aún a estas alturas no deja de fascinarme. Wikipedia nos dice que “es un sistema recomendador de cine, con una extensa base de datos donde se encuentra la ficha completa (técnica y artística) de gran cantidad de películas, documentales y series de televisión”

Cada película recibe una puntuación calculada como la media de las puntuaciones recibidas por los usuarios, quienes también pueden publicar sus críticas. Estas últimas pueden ser votadas por los usuarios que las consultan para dar mayor importancia a las que aporten información más relevante sobre las películas.

Este último punto me resulta especialmente apasionante. Aquí el cine pertenece al público, a los espectadores, ya que cualquier persona puede ejercer de crítico improvisado. Y aquí descubrimos críticas fascinantes de auténticos genios anónimos que realizan ésta labor “por amor al arte”. Navegando por este portal, uno de se da cuenta de hasta que punto el cine y las películas forman parte de nuestras vidas.

En filmAffinity podemos encontrar, por ejemplo, el testimonio de “Jabato Jones” que nos cuenta como la película “Trainspotting”, le he acompañado en los momentos más importantes de su vida “La he visto el día de antes de un examen de facultad, del examen del carnet, del examen de oposiciones, con depresión, en estados de euforia, antes de quedar con una jovenzuela o mientras me acicalaba preparando una noche de juerga.” Este buen hombre no duda en afirmar que revisa este film “no sólo porque me encante y me motive o por puro vicio, sino ya por superstición, porque cuando no la he visto antes de un acontecimiento importante luego me ha ido mal”.

O el genial resumen que “Sines Crúpulos” hace de la magistral “Cadena perpetúa; la peli destroza-zapping” como el mismo la llama. “Comienza El Tiempo en el telediario. Buff... Agarro el mando. Recorro las terrestres. Clik! Nada. Clik! Nada. Clik! Nada. Clik! Nada. Clik! Comienzo a recorrer las digitales. Clik! Nada. Clik! Nada. Clik! Nada. Clik! Nada. Clik! Cadena Perpetua. Suelto el mando".

“Bloomsday”, a propósito de “Big Fish”, nos relata “el extraño recuerdo de la bayoneta que nunca existió”, esa historia aparentemente ficticia, que le contó su ya fallecido abuelo cuando era tan solo un niño.

También podemos encontrar la crónica de Kingo, que desde esta web pide perdón a su ya difunta madre por no haberle hecho caso… por no haber visionado antes “Luces de la Ciudad” del inimitable Charles Chaplin. Titulando a su crítica “Tenía razón”, afirma que esta era la película favorita de su madre y que él no la visionó hasta trece años después de su muerte. “Perdóname, bonita, el no haberte hecho caso hasta ahora: pero es un axioma de la naturaleza humana el no seguir los consejos que te dan los padres”.

El mismo Kingo en la crítica de “Cinema Paradiso”, nos relata como su pequeño mundo cambió cuando fue a ver este film al cine junto a una preciosa chiquilla de “inolvidable mirada cuajada de verde”. Esa muchacha luego se convertiría en la mujer de su vida.

En fin, que sirva todo esto como el humilde homenaje que hace un servidor a FilmAffinity y a todos esos entrañables “personajillos” que pululan por esta web. Porque, al fin y al cabo, las películas y las historias que nos cuentan, guardan relación con otro gran film del que somos protagonistas principales y que tiene a nuestros familiares, amigos y conocidos como improvisados coprotagonistas. También cuenta con un enigmático guionista…

Y en este film también hay buenos y malos, momentos de amor, de suspense o terror… incluso hay decorados, banda sonora o extras. Solo hay una diferencia; en la película de nuestras vidas, la historia es “caprichosa”, nunca avanza como dice en el guión. Porque ya lo dijo John Lennon una vez: “la vida es aquello que te va sucediendo mientras te empeñas en hacer otros planes…”.

viernes, 6 de noviembre de 2009

Esquivando a Doña Pereza...

Doña Pereza me la ha vuelto a jugar. Durante 14 días me ha impedido escribir, en el transcurso de dos largas semanas se ha apoderado de mi… menos mal que he logrado huir de ella… que la he conseguido engañar por enésima vez, un rato al menos… y aquí estoy de vuelta, hasta que ella me vuelva a encontrar… hasta que imponga nuevamente su cruel ley, y vuelva a caer en sus sucias garras.

Más de 300 horas de abstinencia bloguera, gastadas principalmente en interminables y noctámbulas sesiones cinéfilas. Y es que además de recordar mis días de vinos y rosas en Alicante, he tenido el placer de compartir estas dos semanas con gente como Kirk Douglas, Gregory Peck, Marilyn Monroe, Dustin Hoffman, Clark Gable o John Wayne. En fin, buena compañía…

Y siendo más prosaico, y como continuación de la entrada anterior, voy a seguir charlataneando sobre la violencia en los medios, la televisión y todo ese circo. Porque si de algo tengo tiempo, es de ver en la televisión “las Noticias”, esos mal llamados telediarios… así que, a estas alturas, ya me sé de memoria como un mafioso le vuela la cabeza a un napolitano en plena calle, o también me conozco al dedillo el relato del psiquiatra “tajao” que descuartiza a una joven enfermera…

Pero, visto lo visto… ¿de verdad hace falta que sepamos todo esto?... Que conozcamos con mil y un detalles todas estas historias, con repeticiones a cámara lenta “de la jugada”, con explicitas descripciones cuanto más truculentas mejor… Como si el asunto fuera demostrar quien es capaz de regodease más en nuestros instintos más básicos, en lo peor de nuestra condición humana…

Lo cierto es que poco queda ya de los añejos “informativos”, que ahora se han reconvertido en verdaderos carruseles centrados en tragedias y masacres… en los que el “Don Vito” de turno, la reencarnación sofisticada de “Jack el destripador” o el “Hannibal Lecter televisivo”, comparten protagonismo con ídolos futbolísticos o con alguna sucedánea de supermodelo.

Pero aquí, a diferencia de las películas, no conocemos a sus alter-egos… no nos presentan a ningún abogado como el Atticus Finch de “Matar a un ruiseñor”, ni a alguien como el “Coronel Dax” de “Senderos de Gloria”, ni tan siquiera a un vecino como el George Baley de “Qué bello es vivir”.

Y con esto quiero decir, que los héroes de película, de película son… pero que el mundo esta lleno de heroes anónimos, que probablemente no salven el mundo en cada acción, pero que quizás... luchan, sudan, lloran, se sacrifican, o miran las estrellas… todo por cumplir un sueño, o por lograr que sus hijos tengan un futuro mejor que el de ellos…

Hace 2.000 años para ver muerte y sangre había que ir al coliseo. Ahora no hace falta salir de casa, tranquilamente, mientras comemos en nuestro salón, a la vez que degustamos un buen pollo frito o unos sabrosos macarrones… podemos disfrutar de una buena sesión de desgracias, penurias, masacres y matanzas ajenas. Y todo esto servido por alguna periodista talentosa y de buen ver. Que más se puede pedir.

En fin, quizás la respuesta está en que el ser humano, como buen amante de lo ajeno, necesita ver la tragedia del “vecino” para darse cuenta de que su propia existencia, al fin y al cabo, no es tan desgraciada.
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