Mostrando entradas con la etiqueta nostalgia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta nostalgia. Mostrar todas las entradas

jueves, 11 de noviembre de 2010

Sobre el ingeniero misterioso y la extraña montaña rusa que creó…

 ¿Nunca han sentido vértigo? Sí, les hablo de esa extraña sensación que uno siente cuando mira atrás y se da cuenta que el tiempo pasa inexorablemente… y lo hace cada día más deprisa, mientras uno intenta convencerlo para que paré… pero no, es imposible negociar con él, ya que no conoce de sobornos y solo queda resignarse ante su fugaz paso, que anuncia una gran verdad; El tiempo nunca parará de correr, porque nadie puede contra él, y da igual lo que hagamos… que éste siempre nos acaba venciendo a todos.

He empezado hablando del tiempo, pero les tengo que confesar una cosa: A veces me da la sensación que vivir es como estar montado en una extraña rusa que da vueltas sin parar. Y lo cierto, es que durante el trayecto uno piensa más de una vez, para que subió a ésta atracción de feria, cual es el objetivo de dar tantas y tantas vueltas.

Lo cierto, es que cuando tenía 18 años pensaba que no tardaría mucho en conocer la respuesta, ¡ignorante de mí! Seis años, y dos licenciaturas después, y la verdad es que no tengo la respuesta… es más, a pesar de tener la impresión de haber aprendido muchísimas cosas sobre la extraña montaña rusa en la que estoy montado… creo que cada día tengo en la mente más preguntas acerca de su funcionamiento y del misterioso ingeniero que la creó.

Y eso a pesar de haber tenido más de mil compañeros de vagón, de haber estado en lo más alto y en lo más bajo, o haberle hecho cientos de preguntas sin respuesta a la persona que me vendió el ticket para subirme en esta curiosa atracción de feria…

Sí, lo sé, últimamente me he puesto muy introspectivo en el blog… y eso a pesar de que cuando lo creé tenia un mandamiento que he violado de manera sistemática una y otra vez: Qué este blog fuera lo menos personal posible.

Pero es que, querid@s amigos, escribir es hablar de uno mismo, de lo que le define… y uno siempre habla de lo que conoce; No puedo escribir sobre la luna, porque nunca he estado allí (por lo menos no de manera física)… pero si que puedo disertar acerca de mis vivencias en la tierra, de los momentos que he compartido con mis amig@s, de las películas que he visto, de las alegrías y penas que he experimentado… porque sí, sin duda, todo esto es lo que hace que merezca la pena el viaje en esta extraña montaña rusa llamada vida.

Seguiré dando vueltas espero que mucho tiempo más, pero eso sí, les prometo que volveré a escribir artículos “más ligeros” y desenfadados; Esto será después de la entrada “especial” que servirá para celebrar un hecho importante para este blog: 40 artículos publicados en “la bombilla perdida”. Les esperó la próxima semana.

martes, 12 de octubre de 2010

“La noche es más oscura justo antes del amanecer”

La noche tiene algo de mágica… no se si es por las estrellas, allí arriba sobre nuestras cabezas… o por el silencio solo roto por el murmullo de los grillos y el tic tac de un reloj…

Si tuviera que elegir un momento de la noche, me quedaría con los minutos que preceden al amanecer, cuando las sombras lucen más oscuras que nunca… aguardando que el alba se haga dueña de ellas, esperando la dulce melodía que cuchichea la mañana cuando se levanta revoltosa y juguetona arrojando sus primeros rayos de luz.

Es justo cuando la aurora está a punto de llegar... cuando los sentimientos laten más fuertes que nunca, quizás conscientes de que ahora les queda una noche menos. Es la irrebatible dictadura del tiempo, que continua su camino ajeno a todo, como lo hace el camión de la basura que recorre las calles de la ciudad que duerme tras el crepúsculo.

El tiempo, ese invitado tan extraño… cuantas veces hemos intentado detenerlo, como quien hace “autostop” levantando la mano con la inocente ilusión de que alguien decida parar. Pero no, el tiempo pasa de largo… ¿Cómo nos iba a ver si somos tan pequeños para él?... ¿acaso paran los trenes para que suban a ellos las hormigas?

Y cuantas veces hemos querido lo contrario, que el tiempo pase y se lleve nuestros escombros… como quien deja los muebles viejos delante del contenedor, anhelando que el camión de la basura pase y se los lleve a un lugar donde no poder volver a encontrarlos.

En fin, pasan las palabras y por mi ventana la noche se bate en retirada para volver a su madriguera, cansada ya de hacer guardia. Hasta mañana querida noche, descansa en tu madriguera, pero eso sí, prométeme que soñaras con los que mañana te volveremos a rondar en silencio, como siempre lo haces tú con nosotros... con tus fieles amantes. A veces gracias a ti las cosas se hacen más claras.

jueves, 7 de octubre de 2010

La pequeña bombilla que nunca olvida y su particular álbum de palabras…

Hace un par de horas, estaba leyendo en Internet algo así como “un manual para hacer que tú blog sea exitoso”. En estos diez mandamientos para alcanzar la gloria en la blogosfera, se hablaba de que había que “ceñirse a un tópico común” y de que “las entradas no debían ser excesivamente largas”.

En fin, la verdad es que este humilde blog se caracteriza por todo lo contrario; Entradas extremadamente largas y densas, y contenidos extremadamente variados que van desde la reflexión casi filosófica hasta el humor más surrealista y a veces casi absurdo. Pero la verdad es que me alegra que este bitácora sea así, porque por encima de todo, este es mi blog, o lo que es lo mismo, el lugar donde comparto mis inquietudes y esperanzas, con todas las personas que me quieran leer.

Y ahora soy más consciente que nunca, que en este año y medio de vida de “la bombilla perdida”, he hablado aquí de las cosas de las que realmente tenia ganas de hablar… sin importarme lo heterodoxo de los contenidos o la frecuencia de las entradas del blog. Y me alegra, porque al fin y al cabo soy una persona bastante poco amante de las fotos, y considero a “la bombilla perdida” mi verdadero álbum de fotos… o mejor dicho, mi “álbum de palabras” de este último año y medio de mi vida.

Bueno, centrándome en el tema que hoy quería tratar, les planteo una pequeña gran cuestión: ¿Quién no se ha levantado una tranquila mañana, y se ha sorprendido al recordar que en el sueño que acababa de soñar (lo sé, parezco ya un gafapastoso utilizando estas expresiones…), aparecía una persona de la que hace 5 o 10 años que no sabe nada?

La verdad es que no deja de ser una sensación extraña, pero que a mi parecer no es más que la constatación de toda una certeza: Nuestro “disco duro vital” guarda una muy completa “base de datos” de todas las personas que hemos conocido… o en otras palabras más sensibles… no olvidamos a las personas que hemos conocido, sino que simplemente nos acostumbramos a vivir sin ellas.

Y en este punto, no solo hablo de nuestros particulares “amores”, porque utilizando un poco el sentido común… ¿Cómo vamos a eliminar de nuestra memoria, por ejemplo, a una persona en la que hemos pensado durante miles y miles de horas de nuestra existencia? Eso es a todas luces imposible, aunque algunos afirmen lo contrario, temerosos quizás de admitir que hay cosas más grandes que nuestra propia voluntad (por muy grande que ésta sea).

Lo cierto, es que a otra escala, también me descubro a veces pensando en personas que dejaron mucho menos huella en mi, pero que allí están, en mi memoria… aunque haya llovido mucho desde la última vez que supe de ellas. En este sentido, en el último año me sucede algo bastante extraño que nunca antes me había sucedido (al menos no tan repetidamente); La mayoría de personas que "descubro" últimamente me recuerdan a otras que ya habia conocido anteriormente… hasta el punto, de a veces visionar en mi cabeza la imagen de mi alter-ego en “50X15: Quien Quiere ser millonario” intentando responder a Carlos Sobera la siguiente cuestión; ¿A quien le recuerda la voz, la sonrisa, los gestos, o la formas de moverse de la persona que acaba de conocer?

En fin, no dejan de ser pequeñas paranoias en mi cabeza, que he sentido la necesidad de compartir hoy con todos ustedes… aunque admito que mi tesis de que “no olvidamos a las personas que hemos conocido” es científicamente débil, porque… ¿Si hemos olvidado a una persona, como nos vamos a acordar de que la hemos olvidado… si tan siquiera nos acordamos de haberla conocido?...

Bueno, voy a “olvidarme” de escribir por unos días, no sin antes citar dos frases cinéfilas muy adecuadas para esta disertación; “Cómo quieres que te olvide si cuando comienzo a olvidarte me olvido de olvidarte y comienzo a recordarte” (de la película Annie Hall, de Woody Allen), y “Y ya no sé si es un recuerdo, o el recuerdo de un recuerdo lo que me va quedando…” (“El secreto de sus ojos”, de Campanella). Buenos noches queridos amig@s, y no olviden a esta pequeña “bombilla perdida”.

lunes, 22 de marzo de 2010

"Esa cosa..."

Hace justo año, por estas mismas fechas, preparaba una despedida. Sí, después de casi cinco años de vida universitaria en Alicante, abandonaba el barco… para dirigirme hacia nuevas tierras aún por explorar…

Lo cierto es que quería irme a lo grande. Porque no miento si digo que llevaba años reflexionando acerca de cómo sería mi despedida, mis últimos días de convivencia con tanta gente con la que había compartido tantas cosas…

Así, que saqué del banco los pocos ahorros que aún tenia, y con ese dinero me dispuse a adquirir un buen “kit de fiesta”. Y fui al supermercado y compré unos cuantos cientos de latas de cerveza, más de una decena de botellas de ron y whisky, y muchas cajas de galletas y patatas (no daba el presupuesto para más). Lo complicado fue cargar todo esto. De hecho, me hicieron falta tres visitas en coche al carrefour más cercano, para poder transportar toda esta ingente cantidad de productos “festivos”.

Llené mi habitación con todo lo que había comprado, e invité a todos mis compañeros de residencia. Fue una semana exigente, incluso “dura”… porque los que hayan tenido alguna experiencia de este tipo, ya sabrán que estar de manera continuada durante ocho días de fiesta, es más complejo de lo que parece (una vez acabado todo, recuerdo haber permanecido una semana en mi cama…).

Pero valió la pena. Porque ahora recuerdo con agrado esas conversaciones en torno a la vieja mesa sacada de la basura que poseía, desayunando (aún sin dormir) "cerveza Carrefour"… además caliente, porque la diminuta nevera que compartía con mi compañero se había quedado pequeña ante el frenético ritmo de rotación de latas de cervezas que registraba.

También recuerdo como en esos días, la alfombra que tenia en mi habitación cambió de color, debido a la gran cantidad de vertidos de bebidas alcohólicas que se habían producido sobre ella. Y me acuerdo de cómo tuvimos que esconder mi guitarra, para que ningún amigo “en estado de máxima euforia” la destrozara.

Y rememoro ese último día en el que 60 personas se metieron en mi habitación (y alrededores…), y como cuando entré a mi cuarto de baño esa misma noche, me encontré a más gente fumando tranquilamente en mi ducha…

Pero por encima de todo, guardo recuerdos de buenas conversaciones con tanta gente… diálogos totalmente intrascendentes sobre la vida, las mujeres, la fiesta, el paso del tiempo, la política… coloquios que se alargaban horas y horas… que no conocían de días y noches… sino que se prolongaban más allá del amanecer… hasta finalmente fundirse con los cantos de los pájaros que anunciaban un nuevo día…

Cuento todo esto, porque esa semana final de marzo de 2009, fue inolvidable para mí. Y en este sentido, no deja de parecerme sorprendente una certeza: Si uno mira atrás en su vida, descubrirá que los mejores momentos no fueron aquellos supuestamente trascendentales, esas “grandes victorias”… sino que en realidad, los verdaderos “días de vinos y rosas”, de heroicas hazañas, fueron aquellos pequeños “instantes de sinceridad” compartidos con gente querida.

No muy lejos, en realidad, de aquello que oí en una ocasión, de boca de un personaje de una película argentina: “A veces pienso que las charlas sin importancia, en los lugares sin importancia fueron los momentos mas importantes de mi vida”

Son esos mismos pocos minutos, que de tanto en tanto se suceden en nuestras vidas…esos mismos instantes en los que los protagonistas de la “película” intentan, intentamos… coger con las manos “esa cosa” que revolotea por el ambiente, y que los “teóricos de la vida” llaman felicidad.

… Y los escasos afortunados que la “han visto”, asombrados… a los pocos segundos ya solo piensan en atraparla la próxima vez que se les aparezca delante….No obstante, todo es en vano, porque parece que “esa cosa” no conoce de jaulas, ni sabe de dueños ni de cazadores…

Para finalizar con mi disertación sobre “esa cosa…”, les dejo con una vieja leyenda árabe que leí hace tiempo, y que hoy me apetece compartir con ustedes:



- En el principio de los tiempos, se reunieron varios demonios para hacer una travesura. Uno de ellos dijo: "Debemos quitarles algo a los hombres, pero, ¿qué les quitamos?".

Después de mucho pensar uno dijo: "¡Ya sé!, vamos a quitarles la felicidad, pero el problema va a ser dónde esconderla para que no la puedan encontrar".

Propuso el primero: "Vamos a esconderla en la cima del monte más alto del mundo", a lo que inmediatamente repuso otro: "no, recuerda que tienen fuerza, alguna vez alguien puede subir y encontrarla, y si la encuentra uno, ya todos sabrán donde está".

Luego propuso otro: "Entonces vamos a esconderla en el fondo del mar", y otro contestó: "No, recuerda que tienen curiosidad, alguna vez alguien construirá algún aparato para poder bajar y entonces la encontrará".

Uno más dijo: "Escondámosla en un planeta lejano a la Tierra". Y le dijeron: "No, recuerda que tienen inteligencia, y un día alguien va construir una nave en la que pueda viajar a otros planetas y va a descubrir, y entonces todos tendrán felicidad".

El último de ellos era un demonio que había permanecido en silencio escuchando atentamente cada una de las propuestas de los demás.

Analizó cada una de ellas y entonces dijo: "Creo saber dónde ponerla para que realmente nunca la encuentren".

Todos voltearon asombrados y preguntaron al mismo tiempo: "¿Dónde?". El demonio respondió: "La esconderemos dentro de ellos mismos, estarán tan ocupados buscándola fuera, que nunca la encontrarán".

Todos estuvieron de acuerdo y desde entonces ha sido así: el hombre se pasa la vida buscando la felicidad sin saber que la trae consigo.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Sobre personas y canciones...

¿Se han dado cuenta que he cambiado el diseño del blog? Pues sí, queridos amigos y amigas… este no es aleatorio. La cuestión es que estoy en plena época de exámenes… el próximo lunes tengo uno… y es justo en esta época tan especial, cuando se suceden en la vida del “sufrido estudiante”, extraños fenómenos paranormales al más puro estilo “cuarto milenio”…

La obligación de tener que estudiar diariamente produce una especie de mutación, o de desarrollo de poderes sobrenaturales a lo superhéroe de Marvel, con extraños resultados… como que el estudiante sienta la necesidad de ordenar su cuarto, de hacer deporte de manera compulsiva, o incluso de llamar a un amigo del que hace cinco años que no sabe nada…

Todo, con el fin de buscar una vulgar excusa para no tener que estudiar, para engañarse a si mismo y no sentir remordimientos. Porque frente a sus hojas de apuntes uno descubre muchas verdades de la vida: Se da cuenta que ordenar la habitación no esta mal del todo, que dormir es una actividad infravalorada, que ir al gimnasio no es tan aburrido, que mirar al infinito es un pasatiempo entretenido… todo con tal de no hincar codos…

Total, que aquí estoy, con los apuntes en la mesa… y yo a una distancia prudencial, frente a la pantalla del ordenador… asumiendo que esta vez parece que me va “pillar el toro”, pero bueno… que quieren que les diga; a estas horas estoy ya muy harto de leer e intentar (importante matiz) memorizar una sucesión interminable de listas de características del dichoso periodismo especializado.

Así que me voy a dejar de cuentos chinos y de teóricos del periodismo… para divagar un poco y compartir con ustedes alguna que otra delirante reflexión. Mes y medio después, vuelvo a la carga, regreso otra vez al estatus de “Blogger practicante”.

Y voy a relatar una de las extrañas ideas que se me han ocurrido, hace un rato, mientras trataba de estudiar para el examen del lunes. Meditando, he reflexionado acerca de la importancia que tienen las personas que conocemos en nuestra vida. Porque sí, es obvio que hay algunos seres que cambian nuestra vida (para bien y para mal), pero lo curioso del tema es que incluso personas que no han afectado demasiado nuestra vida, dejan su huella en nuestra memoria. Al igual que las canciones. Reflexionando más sobre el tema, he llegado a la conclusión de que las personas son como las canciones. Puede sonar bastante descabellado, pero la verdad es que tienen sus puntos en común. Me explico:

- Hay canciones que las escuchas por primera vez y ya te gustan… hay personas que las ves por primera vez y enseguida te das cuenta que si no las conoces te estás perdiendo algo importante…

- Hay otras que las escuchas por primera vez y no te interesan, pero con el tiempo te acaban agradando muchísimo… con las personas pasa lo mismo, algunas no te “caen en gracia” al principio, pero luego se acaban convirtiendo en necesarias…

- También pasa lo contrario; acordes que te gustaron la primera vez… pero que te acaban por cansar pronto…

- Al igual que pasa con las canciones... nos aprendemos las melodías de la mayoría de personas que pasan por nuestra vida, pero, en verdad, de muy pocas sabemos las letras... conocemos de ellas lo justo para poder tararearlas, para poder tratarlas…

- Algunas son baladas, las hay clásicas, también de rock… otras dan directamente dolor de cabeza…

- Te alegran el día, te ponen triste, eufórico, melancólico…

- Algunas melodías son tan hermosas, que escuchar sus versos se convierte en toda una hazaña… y viceversa…

- Todas tienen su estribillo, sus temas de conversación… las hay que tiene un punteo de guitarra o algún acorde difícil de tocar…

- Las canciones y las personas “vuelven a nosotros”; Nos las encontramos mientras vamos al trabajo, caminamos en la calle, o subimos al bus...

- Tanto a las canciones como a las personas no les dedicamos el tiempo suficiente; Las escuchamos, casi siempre, a la vez que hacemos otras cosas… lo que nos impide comprender la verdad de sus letras y versos…


En fin, aquí acaba mi disertación sobre las canciones y las personas. Me voy con la "música" a otra parte. Sean felices. Muy buenas noches.

sábado, 9 de enero de 2010

El pequeño grumete...

…Y el grumete se movía violentamente, jugaba con las sabanas mientras aguardaba que el Señor Morfeo le dominara. Pero parecía, que el duelo era desigual, que algo no estaba bien… y en la cabeza del joven se sucedían a gran velocidad miles de pensamientos.

Le daba vueltas a la conversación que había tenido con dos viejos amigos; Que mágicos eran los viejos tiempos; los días de vino caro, de maravillosos cuentos, grandes batallas, increíbles hazañas… aquellos en los que el agua sabía a vino, y el vino a elixir… y parecía que no era tan difícil multiplicar panes y peces…. y que los sueños llamaran a su puerta.

Era una de esas noches frías… en las que las farolas parecían no querer encenderse, en las que los viejos gatos intentaban resguardarse del frío como podían, en las que las sombras huían de sus dueños… mientras que las estrellas no se atrevían a salir…

El amanecer parecía mas lejano que nunca, porque el sol, rumoreaban los viejos del lugar; había huido muy lejos de allí… lo suficiente para que nadie lo encontrara, o eso decían. Era una situación curiosa; algo así como si un director de orquesta, asustado por lo mucho que desafinan sus músicos, hubiera echado a correr…

Y el joven aprendiz de marinero, enfrascado en sus dulces recuerdos, inquieto, nervioso… decidió levantarse. Fue a la "cocina" a beber un vaso de agua. Mientras mataba su sed, no podía dejar de pensar en su particular malecón de las horas perdidas y en encontrar la llave del baúl de los sueños oxidados.

Y eso a pesar de que algunos afirmaran que esa llave en realidad no existía; Decían que solo se trataba de un recuerdo vago de algo que nunca había sucedido, de alguna extraña especie de ilusión de esas que uno tiene cuando es muy niño.

La única luz que se divisaba en cielo, era la de los relámpagos… pero estos parecían ya viejos… como si no tuvieran la energía de antaño, y no fueran capaces de iluminar las caras de los pocos gatos que buscaban cobijo en esa oscura noche de invierno. Y tampoco tenían ya el suficiente brío para iluminar los castillos de cajas de cartón que levantaron un día sus dueños.

Malos tiempos para los buscadores de oro, para los humildes marineros… que no eran capaces de atisbar ningún faro, y ahora se preguntaban en silencio si quizás no hubiera sido mejor haber vuelto hace mucho tiempo al muelle desde donde zarparon… o ni tan siquiera haber empezado la travesía, y así, más cómodos, ver como eran otros los que naufragaban. Quizás el barco no era tan grande como pensaban cuando zarparon… más ahora, que todo parecía más grande, que los charcos se habían convertido en mares, y los mares se habían transformado en inmensos océanos….

Y el muchacho seguía allí, recordando los días de vinos y rosas, pensando en que todo era incertidumbre… nada estaba claro en esa extraña noche de tormenta en alta mar. Qué lejos quedaba ese puerto desde donde había partido… y a saber si encontraría algún día unos nobles marineros que le ayudasen a izar la vela…

En fin, era hora de volver a la cama. Y de soñar con preciosas princesas y extraordinarios magos inmortales. De imaginar como seria la resaca de los sueños. Quizás al día siguiente el sol brillara más alto que nunca en alta mar. Nunca se sabe que depara el mañana… Con esa esperanza se acostaba el grumete.

martes, 29 de diciembre de 2009

Las increíbles aventuras de la bombilla que aprendió a escribir...

Hoy es uno de esos días en los que ante la proximidad del fin de año, uno hace balance de cómo le fue. Es entonces cuando el viejo peregrino hace memoria de los senderos caminados, de los pueblos que ha visitado, de los hostales donde ha reposado.

Y las emociones se funden, los recuerdos le visitan, y las ilusiones y esperanzas tocan a su puerta. Pero el peregrino, por encima de todo, se pregunta que le deparará el camino en este año que entra; si visitará verdes bosques, hermosos pueblos, preciosos riachuelos, o por el contrario… solo le esperará un interminable desierto, días de truenos y tormentas, y muchas noches de mal dormir.

El año 2009 ha sido el año en que Obama fue presidente de los Estados Unidos, en el que España literalmente se paró, en que el rey del Pop murió. Y también, para mí, fue el año en el que una pequeña e insignificante bombilla se perdió, y vivió las más increíbles aventuras, y aprendió a escribir… y esta misma bombilla de la que les hablo, me ha comentado en secreto que espera poder seguir charlataneando en este año nuevo que nace… y que la sigan leyendo.

Confía en poder seguir hablando de lo nuevo y de lo viejo, de lugares comunes, de noches en las se hizo el milagro y salió el sol. Porque dice que aunque parezca muchas veces que la escalera que colocamos para llegar a las estrellas se va a caer sobre nosotros… ó aunque nos sintamos como una de esas viejas guitarras que siempre suenan desafinadas como tratando de llamar la atención...buscando un buen músico que la sepa tocar, al fin y al cabo, y a pesar de todo… es muy alentador poder seguir navegando por la vida un año más; y así poder compartir experiencias y barco con tantas bombillas.

En el 2010 sospecho que la bombilla perdida seguirá soñando de noche y durmiendo de día, conversando con el reloj para tratar de convencerle de que deje de correr, mirando el techo de su habitación intentando adivinar a que tipo de extraña fiesta la invitaron cuando la trajeron a este mundo, maldiciendo lo que pudo ser y no fue… lo que tendría que ser y no es.

Y la bombilla perdida seguirá escribiendo, porque… “ya que aprendió...”, y hablará de todas esas cosas. Y también de muchos personajes; Del estudiante que no amaba las mañanas, del zapatero que quiso calzar a Cenicienta y nunca la encontró, del niño que se olvidó de jugar, del hombre que atracó a la vida, de la estrella que se cansó de brillar, del vagabundo que conoció a Helena de Troya, y de otros tantos… que aún están por aparecer… que aún están por llegar…

En definitiva, esa bombilla esta contenta. Y solo piensa en que algún día, dentro de muchos y mucho años, cuando tenga descendencia… les dirá aquello de “mirar hijos, esto es lo que escribí cuando era joven” y “esta era la entrada en la que hablaba de vosotros”; la historia de cómo una pequeña bombilla hizo un blog, la entrada que quería ser verso pero se tuvo que conformar con ser prosa, la entrada que Felicitaba el año 2010 a todas las bombillas que iluminaban su mundo…

Yo solo se la he robado para compartirla con ustedes antes de tiempo, para que la puedan leer en la soledad de sus casas, en el silencio de sus pantallas de ordenador. Prométanme que no se lo contaran. No me lo perdonaría nunca.

Solo queda añadir pues; ¡Feliz 2010, queridas bombillas!

martes, 29 de septiembre de 2009

"El botellón", la noche universitaria, y sus diez personajes autóctonos

Como buen recién licenciado que soy, en mis cincos años de estudios en Alicante he asistido a unas cuantas “fiestecillas universitarias”. Muchas de estas (por no decir, la mayoría) arrancan con el polémico y maldecido “botellón”.

A mí, en cambio, “el botellón”, entendiendo que genere malestar por el ruido y suciedad que provoca, me resulta hasta simpático. O por lo menos me parece mejor, que esa parte de la noche que se centra en una de esas tantas discotecas de música estrambótica en la que te tienes que dejar la voz para hablar con alguien a quien tienes a veinte centímetros…

Además, para mí, lo mejor de la noche son todos esos personajes sui generis (en realidad, los auténticos almas de la fiesta) que pululan por los distintos botellones y zonas de marcha universitaria… Y es por eso (y también como gran aficionado a la elaboración de listas de cosas sin importancia) qué, a modo de homenaje, voy a enumerar a todos estos personajes que hacen que la noche universitaria sea más entretenida. Veamos:


- “EL RELACIONES PÚBLICAS”: Un clásico de la noche, suele ser hombre, e ir vestido con camisa. Como si de un personaje de la farándula o de una estrella de rock se tratara, su noche se centra básicamente en saludar a diestro y siniestro a toda persona que pasa por allí.

- “EL COLEGA”: Este personaje suele ir siempre con un par de copas de más, y dedica su noche a saludar muy efusivamente a todos sus conocidos… pero lo hace de una forma un tanto peculiar; Chocando, abrazando y dando las mano con toda sus fuerzas a todo el que vea… de hecho, no es raro acabar con alguna lesión tras el paso de tan singular personaje…

- “EL CULTURETA”: ¿Cansado de los viejos temas de conversación de siempre? ¿Le parecen demasiado superficiales los “botellones”? Si la respuesta es afirmativa, solo tiene que encontrar a este entrañable personaje. Y es que “el cultureta”, es capaz, sin pestañear, de filosofear de temas tan diversos y variados como, por ejemplo; la verdadera belleza del trasero femenino, el final del quinto episodio de la “Guerra de las Galaxias” o la existencia de Dios.

“EL LADRÓN”: Siempre esta al acecho. Aprovecha cualquier descuido para hacerse con una botella de alcohol ajena. Si alguien le descubre, siempre negará los hechos aludiendo a su entredicha honradez.

“EL SANO”: Este personaje es abstemio por principios. Se trata de un autentico héroe de la noche, y su descripción suele coincidir con la de una persona tranquila y sosegada capaz de aguantar el hecho de verse involucrado en cualquier situación problemática provocada, normalmente, por sus amigos en estado de embriaguez.

“EL PISTOLERO”: Uno de los clásicos por antonomasia de estos “saraos”. El “pistolero” siempre esta allí dispuesto a camelarse a cualquier moza que merodee por la zona. Su comportamiento en la noche varía, y se podría decir que utiliza lo que se conoce en las facultades de periodismo como “la pirámide invertida”. Aplicado al mundo del “ligoteo”, significa, que estos tipos empiezan la noche disparando a aspirantes a top-model, para ir posteriormente, y a medida que pasan las horas, centrándose en chicas menos agraciadas físicamente…

“LAS MUJERES-KODAK”: En algunos casos parece que la cámara de fotos se haya integrado en el brazo de estas féminas para acabar formando una nueva extremidad. Básicamente, dedican la noche a hacer fotos a todo lo que se mueva, para después colgarlas en alguna red social de actualidad.

“LA GUAPA”: Merecería un reportaje aparte. Es complicada de ver, ya que siempre está rodeada de una amplia cantidad de hombres que le sirven de improvisado perímetro de seguridad. Lo cierto, es que para hablar con “la guapa” hay que pedir turno, al más puro estilo “carnicería de barrio” (esas que tienes que coger un ticket y hacer pacientemente la cola antes de ser atendido). Si uno deja pasar la hora punta, y se dispone a abordarla, corre el peligro de que la susodicha “guapa” pueda haber desaparecido del lugar, en una especie de variante urbana del conocido como “síndrome de Cenicienta”.

“EL POLEMICO/A”: Aprovecha la confusión de la noche y la desinhibición de las copas para crear polémica. Suele ponerse trascendental y recrimina a sus victimas por alguna frase o acción que hayan hecho o dicho en el pasado. Dentro de este tipo, hay una variante más violenta, que se centra principalmente en la intimidación física.

“EL FUMETA”: Clásico de entre los clásicos, suele estar de “buen rollo” y conversar de forma tranquila y apacible con quien se le acerca. En muchas ocasiones, “el fumeta” se coloca en una posición estratégica que le permita sentarse o moverse con facilidad.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...