jueves, 7 de octubre de 2010

La pequeña bombilla que nunca olvida y su particular álbum de palabras…

Hace un par de horas, estaba leyendo en Internet algo así como “un manual para hacer que tú blog sea exitoso”. En estos diez mandamientos para alcanzar la gloria en la blogosfera, se hablaba de que había que “ceñirse a un tópico común” y de que “las entradas no debían ser excesivamente largas”.

En fin, la verdad es que este humilde blog se caracteriza por todo lo contrario; Entradas extremadamente largas y densas, y contenidos extremadamente variados que van desde la reflexión casi filosófica hasta el humor más surrealista y a veces casi absurdo. Pero la verdad es que me alegra que este bitácora sea así, porque por encima de todo, este es mi blog, o lo que es lo mismo, el lugar donde comparto mis inquietudes y esperanzas, con todas las personas que me quieran leer.

Y ahora soy más consciente que nunca, que en este año y medio de vida de “la bombilla perdida”, he hablado aquí de las cosas de las que realmente tenia ganas de hablar… sin importarme lo heterodoxo de los contenidos o la frecuencia de las entradas del blog. Y me alegra, porque al fin y al cabo soy una persona bastante poco amante de las fotos, y considero a “la bombilla perdida” mi verdadero álbum de fotos… o mejor dicho, mi “álbum de palabras” de este último año y medio de mi vida.

Bueno, centrándome en el tema que hoy quería tratar, les planteo una pequeña gran cuestión: ¿Quién no se ha levantado una tranquila mañana, y se ha sorprendido al recordar que en el sueño que acababa de soñar (lo sé, parezco ya un gafapastoso utilizando estas expresiones…), aparecía una persona de la que hace 5 o 10 años que no sabe nada?

La verdad es que no deja de ser una sensación extraña, pero que a mi parecer no es más que la constatación de toda una certeza: Nuestro “disco duro vital” guarda una muy completa “base de datos” de todas las personas que hemos conocido… o en otras palabras más sensibles… no olvidamos a las personas que hemos conocido, sino que simplemente nos acostumbramos a vivir sin ellas.

Y en este punto, no solo hablo de nuestros particulares “amores”, porque utilizando un poco el sentido común… ¿Cómo vamos a eliminar de nuestra memoria, por ejemplo, a una persona en la que hemos pensado durante miles y miles de horas de nuestra existencia? Eso es a todas luces imposible, aunque algunos afirmen lo contrario, temerosos quizás de admitir que hay cosas más grandes que nuestra propia voluntad (por muy grande que ésta sea).

Lo cierto, es que a otra escala, también me descubro a veces pensando en personas que dejaron mucho menos huella en mi, pero que allí están, en mi memoria… aunque haya llovido mucho desde la última vez que supe de ellas. En este sentido, en el último año me sucede algo bastante extraño que nunca antes me había sucedido (al menos no tan repetidamente); La mayoría de personas que "descubro" últimamente me recuerdan a otras que ya habia conocido anteriormente… hasta el punto, de a veces visionar en mi cabeza la imagen de mi alter-ego en “50X15: Quien Quiere ser millonario” intentando responder a Carlos Sobera la siguiente cuestión; ¿A quien le recuerda la voz, la sonrisa, los gestos, o la formas de moverse de la persona que acaba de conocer?

En fin, no dejan de ser pequeñas paranoias en mi cabeza, que he sentido la necesidad de compartir hoy con todos ustedes… aunque admito que mi tesis de que “no olvidamos a las personas que hemos conocido” es científicamente débil, porque… ¿Si hemos olvidado a una persona, como nos vamos a acordar de que la hemos olvidado… si tan siquiera nos acordamos de haberla conocido?...

Bueno, voy a “olvidarme” de escribir por unos días, no sin antes citar dos frases cinéfilas muy adecuadas para esta disertación; “Cómo quieres que te olvide si cuando comienzo a olvidarte me olvido de olvidarte y comienzo a recordarte” (de la película Annie Hall, de Woody Allen), y “Y ya no sé si es un recuerdo, o el recuerdo de un recuerdo lo que me va quedando…” (“El secreto de sus ojos”, de Campanella). Buenos noches queridos amig@s, y no olviden a esta pequeña “bombilla perdida”.

2 comentarios:

  1. Los que no montamos blogs con el objetivo de hacernos ricos con los cuatro céntimos que nos ofrece el AdSense de Google, tenemos la libertad de escribir de lo que no salga de los santos cojones, y con la extensión que en ese momento nos apetezca.

    Dicho de otra forma: es tu blog y te lo follas cuando quieres. Lo homogéneo aburre, y adecuar el formato de los textos a una serie de normas escritas, a fin de cuentas, por otra persona ni mejor ni peor que tú, no es algo de vital importancia.

    Sigue así, un abrazo.

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  2. Ánimo, Marziano, que veo que has cogido carrerilla!

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