martes, 4 de diciembre de 2012

Sobre capitanes, charlatanes y demás criaturas de la noche...



Hubo un momento en el que  se me hizo muy difícil ser honesto conmigo mismo, y escribir lo que realmente quería escribir. No puedes dejar de pensar que el texto que estás creando va a ser leído por personas que conoces, y aunque sea inconscientemente, acabas escribiendo más para ellos que para ti mismo. Al final, acabas traicionándote. Y lo peor, es que muchas veces no eres consciente de ello. Simplemente, no lo puedes evitar.

En esas circunstancias, la esencia con la que había nacido este blog… la de combatir mi insomnio, y dar rienda a mi charlatanería infinita, se había perdido. Y en esas condiciones decidí abandonar el barco.

Hoy vuelvo al mar, dispuesto a surcar nuevos mares y océanos.  Me siento como uno de esos vetustos capitanes  que un día, después de muchísimo tiempo en tierra, decide embarcarse de nuevo rumbo a lo desconocido. En el fondo, el viejo capitán siempre supo que vivir en tierra firme era muy aburrido.

“A veces no hacemos cosas que queremos hacer para que los demás no sepan que queremos hacerlas” dice el personaje de Joaquin Phoenix en la, por otra parte, muy infravalorada película de Shyamalan “El bosque”. Lo mismo pasa con las palabras, y el problema es que a veces somos muy poco conscientes de hasta qué punto decimos (o no decimos) lo que los demás esperan (o no) que digamos.


En fin… un lío, como lo es la vida en general. Y sobre esos líos espero poder volver a escribir (Si Doña Pereza no lo evita). Hablando de personajes, parece ser  que el Señor Morfeo está tocando ahora mismo la puerta. Hoy lo hace pronto. Espero que me lleve a algún sitio interesante esta noche. Es muy caprichoso, pero sospecho que hoy se portará bien… me debe una.

Espero que también se comporte con ustedes, y no haga una de las suyas. Hasta la próxima. Buenas noches.

sábado, 17 de septiembre de 2011

"Cuando sabíamos las respuestas, nos cambiaron las preguntas"

El otro día caminando por las calles de Valencia leí en una frase escrita en un muro, que me hizo pensar, y que he decidido utilizar como título de este artículo: "Cuando sabíamos las respuestas, nos cambiaron las preguntas".

Tengo 25 años y la mayoría de mis amigos también ronda esa edad (un año arriba, un año abajo). Lo digo, porque hace unos pocos años, a mi edad uno ya sabía... o por lo menos pensaba que ya sabía "lo que quería ser de mayor"; Hablo de esas cosas tales como donde iba a vivir, en que iba a trabajar o con quien había decidido compartir su vida... porque a mediados de la veintena, era normal eso de estar casado, tener un piso en propiedad (eso sí, con una hipoteca de mil demonios), tener un contrato indefinido o incluso tener un hijo. Puede parece sorprendente, para nosotros, los veinteañeros de hoy en día, pero esto era así. 

Nosotros, para bien y para mal somos distintos a las generaciones que nos han precedido. Muchos de nosotros "no sabemos que queremos ser de mayores".... e incluso, no tenemos muy claro eso de si "queremos ser mayores". No, por lo menos así; sin un mínimo de oportunidades, sin un contrato decente, sin la independencia económica que nos ofrece un salario más o menos aceptable... con la incertidumbre de vernos obligados a hacer la maletas en cualquier momento y vernos así condenados a un destierro forzoso lejos de nuestro Patria... Porque esta muy bien eso de "ver mundo" y vivir en otros países, pero no cuando se convierte en la única opción... 

Hemos pasado del patio del colegio a la cola del Inem... y en esta gélida noche de crisis, nos ha tocado navegar por un frió e inmenso océano, que en aquellos días "de vinos y rosas", nos parecía algo así como un charco provocado por una inofensiva tormenta de verano.

Nos equivocamos, la intrascendente tormenta se convirtió en diluvió... y los capitanes de barco en temerosos grumetes. Los príncipes se transformaron en sapos, los gatos en tigres... y los valerosos soldados de la vida se baten ahora en retirada, agitando una bandera blanca, perdidos todos, entre ninguna parte y el olvido.

Solo queda la esperanza de encontrar nuestra particular Arca de Noé que nos lleve a buen puerto. Que nos dirija hacia esas luces que se ven a lo lejos, pero que parecen, hoy más que nunca, que no son de este mundo. Como tampoco lo son, esas estrellas que a veces parece que cuelgan en el cielo, como si estuvieran sujetas por invisibles hilos. ¿De que material estarán hechos los hilos que las sostienen?...

Me pregunto si, quién sabe, algún día esas estrellas que brillan encima de nuestras cabezas, a la vez tan lejos y tan cerca, cansadas de centellear en solitario... se apiadaran de nosotros tirándonos una cuerda con las que poder subirnos a ellas. Quizás las estrellas conozcan las soluciones a nuestras preguntas, y nos susurren al oído las respuestas, y así sepamos de que material están hechas los hilos que las sujetan. Supongo que de la misma materia que los frágiles hilos que sujetan nuestra vidas y sueños, porque ya se sabe eso de... "que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son".    

lunes, 13 de diciembre de 2010

La felicidad, el vendedor de palomitas, y un cuento chino...

Entrada 41. Ya estamos en diciembre. Otra vez. Pues sí, como pasa el tiempo… esto da vértigo. La vida pasa delante de nosotros, y nosotros, a veces, perdemos mucho (demasiado) tiempo intentando descifrar sus misterios...

La vida, la muerte, la felicidad, el amor, el sufrimiento… no se si merece la pena pensar sobre ello, porque dudo mucho que se pueda extraer alguna conclusión razonable. En este sentido, ahora mismo me estoy acordando de una conversación que tuve hace un tiempo con una amiga; discutíamos sobre porque las cuestiones del amor tenían que ser tan complicadas.

Su razonamiento era el siguiente; Si todo fuera fácil y sencillo, todo seria demasiado aburrido… la vida carecería de la más mínima emoción. Y es que lo cierto es que una vida sin penas, es una vida sin ilusiones, ni alegrías… sin ninguna emoción… Algo así como convertir nuestra existencia en una larga tarde de domingo en la que no pasa absolutamente nada.

Pues sí, si todo fuera como lo planeamos y/o deseamos… la vida sería algo como ir al cine y que antes de entrar a la sala, el vendedor de palomitas le contara a uno todo lo que sucederá en la película que va a ver a continuación. Pues vaya gracia. Si sabemos de antemano todo lo que va a acontecer, no hay emoción, no hay misterio, ni magia, ni comedia, ni drama. Hasta las palomitas perderían su sabor…

En fin, no me voy a extender demasiado con mi reflexión. Al fin y al cabo, no creo que descubra nada nuevo, ni tampoco llegue a definir con absoluta certeza a que genero cinematográfico pertenece la vida... ¿Es acaso una comedia? ¿o un drama?... ¿una de suspense tal vez? ¿un film de terror? ¿una de amor?... ¿o quizás una tragicomedia? o tal vez todo junto y revuelto...

No me alargo más, así que les dejo con algo interesante que leí en Internet. Desconozco su procedencia (no me extrañaría que fuera una de esas supuestas leyendas orientales que rulan en los powerpoints adjuntos a los dichosos emails en cadena con los que saturan a diario nuestros correos electrónicos), pero la verdad es que me hizo pensar, y mucho. Buenas noches queridos amig@s.   


“Cuentan que un caminante llegó a un cementerio en las afueras de un pueblo. Cuando se acercó a la primera tumba, la lápida tenía grabado el siguiente mensaje: "Abdul Tareg vivió ocho años, seis meses, cinco semanas y tres días". El caminante se entristeció, pues pensó en la tragedia que la familia tuvo que haber pasado al perder un niño tan pequeño.

Luego se acercó a la siguiente tumba y leyó: "Yamir Kalib vivió cinco años, ocho meses, tres semanas y un día". Pensó: 

"¿Otro niño?". No podía comprenderlo. Seguidamente dio una mirada rápida a todo el cementerio y descubrió que todas las tumbas tenían grabadas edades que no pasaban de los 12 años. Estaba golpeado emocionalmente.
¿Qué tipo de desastre tenía que haber pasado en este pueblo para que murieran tantos niños? El guardián del cementerio, acostumbrado a las reacciones de los forasteros ante las tumbas, se le acercó y le explicó:
En nuestro pueblo tenemos una costumbre: a los 15 años todo joven recibe de sus padres una libreta para apuntar todos los momentos en que realmente fue feliz.
Al morir, se suman los momentos de la libreta en que la persona fue feliz y se inscriben en la lápida. Aquí creemos que el verdadero tiempo vivido es el tiempo en que fuimos felices"

sábado, 13 de noviembre de 2010

Y ya van 40 (deconstruyendo a la bombilla perdida)…

“Tengo el placer de inaugurar hoy, el blog la bombilla perdida”. Con estas palabras arrancaba esta humilde bitácora, el 26 de abril del 2010. Durante varios meses, no le dije a nadie de la existencia de este blog, así que prácticamente era yo el único visitante de “la bombilla perdida”.

Pasados unos meses, un amigo, “googleando”, descubrió este rincón, y poco a poco fueron conociéndolo más amigos… hasta que, a finales de septiembre del año pasado (unos seis meses después de su creación), decidí dar a conocer la existencia de este blog.

Viendo el camino recorrido, la verdad es que me sorprendo a mi mismo; Creo que nunca hubiera imaginado, que llegaría a las 40 entradas publicadas; Y ni mucho menos, pensaba que podría alcanzar las 90 páginas de Word escritas (la extensión total de los 40 artículos publicados en esta bitácora).

Así que éste menda que hoy vuelve a escribir, les anima a que no tengan miedo, a que si piensan que tienen cosas que decir, lo hagan… y es que nunca fue tan fácil tener un rincón donde compartir opiniones y puntos de vista con amigos, conocidos y fieles de la blogosfera. Y lo mejor, en mi opinión: Tener un blog, es la mejor de las “excusas” para mantener el contacto con viejos amigos y compañeros que uno no tiene la oportunidad de ver mucho, pero con los que gracias a tener una bitácora, puede intercambiar impresiones que van más allá del clásico y manido ¿Qué tal? ó ¿Cómo te va?... Y solo por eso, ya merece la pena haber creado “la bombilla perdida”.

En fin, me prometí a mi mismo hace unas semanas, que intentaría ser menos pesado, y escribir entradas más cortas. Así que voy directamente al grano; A pesar de que considero a “la bombilla perdida” un autentico cajón de sastre, en el que tienen cabida los más variados asuntos, hay una serie de temas comunes que se repiten, y que configuran la verdadera identidad de “la bombilla perdida”. Hagamos un repaso rápido a estos “siete pecado capitales”:


- La amistad: En mi opinión, una de las cosas más importantes de la vida, y así lo he reflejado en este blog; Artículos como “Amigos para siempre”, “Amistades de cine”, o “Esa cosa”, tratan directamente este asunto.

- El cine: Una de mis más grandes pasiones. La mayoría de los artículos contienen referencias cinéfilas; Por ejemplo, muchos de los títulos de las entradas remiten a películas (“La noche es más oscura justo antes del amanecer” es una frase extraída de “El caballero oscuro” de Christopher Nolan, ó “Ana Obregón, el síndrome de Benjamín Button y los Malditos Bastardos”, hace referencia directa a las películas del mismo nombre de David Fincher y Quentin Tarantino). Así mismo, en “la bombilla perdida”, menciono, casi sin darme cuenta, algunas de mis películas favoritas: “Uno de los nuestros”, “Forrest Gump”, “Cadena Perpetúa”, “Que bello es vivir”, “Big Fish”, “El Sexto sentido”, etc.

- Las mujeres: A veces nos dan dolores de cabeza, en otras ocasiones nos quitan el sueño… pero al fin y al cabo ¿Qué íbamos a hacer en este mundo sin ellas? La verdad, es que inspiran directa o directamente muchas de estas 40 entradas; “Mujeres y hombres y viceversa”, “Conversaciones de humo y cerveza" (los dos volúmenes) o “El placer de ser infiel”, son un claro ejemplo de ello.

- Las redes sociales: El lugar virtual donde he pasado, desgraciadamente, más horas de las que debería. Pues sí, en el mundo moderno, la cosa va de perfiles, etiquetas y botones de inicio. He expuesto mi punto de vista acerca de este tema, en “Tuenti y los diez grandes enigmas de la humanidad” ó “Viva el capitalismo”.

- La vida universitaria: Otro de los temas clásicos de la “bombilla perdida”. Seis años de mi vida entre residencias, botellones, bibliotecas, fotocopisterias y más botellones ¿Cómo no iba a hablar de ello? Artículos como “El botellón, la noche universitaria y sus diez personajes autóctonos” ó “El hombre que descubrió la respuesta… “, dan constancia de mi paso por la facultad (aunque no fuera, precisamente, un “fanático” de ir a clase).

- La noche: Desde que me fui “de casa” con 18 años, he pasado muchas más horas despierto de noche que de día. Tanto es así, que prácticamente todos los artículos publicados en esta bitácora han sido escritos entre las 3 y las 6 de la mañana. Entradas como “Para aquellos que sintonizan teletecho”, ó “Y pasaron 133 largas noches…” dan fe de ello.

- Los recuerdos y el paso del tiempo: Soy un nostálgico, de esos que si uno “les da coba”, no pueden evitar contar de vez en cuando alguna “gloriosa batallita” del pasado, a lo Ted Mosby en “Como conocí a vuestra madre” (pobres hijos…).


En fin, espero no haber sido muy pesado con este psicoanálisis “bloguero”. Solo me queda dar las gracias desde aquí, a todas las personas que han leído en alguna ocasión “la bombilla perdida”; Si han llegado hasta aquí, gracias una vez más, por soportar las “pequeñas tonterías” que he escrito en esta humilde bitácora. ¡Un saludo a todos!


jueves, 11 de noviembre de 2010

Sobre el ingeniero misterioso y la extraña montaña rusa que creó…

 ¿Nunca han sentido vértigo? Sí, les hablo de esa extraña sensación que uno siente cuando mira atrás y se da cuenta que el tiempo pasa inexorablemente… y lo hace cada día más deprisa, mientras uno intenta convencerlo para que paré… pero no, es imposible negociar con él, ya que no conoce de sobornos y solo queda resignarse ante su fugaz paso, que anuncia una gran verdad; El tiempo nunca parará de correr, porque nadie puede contra él, y da igual lo que hagamos… que éste siempre nos acaba venciendo a todos.

He empezado hablando del tiempo, pero les tengo que confesar una cosa: A veces me da la sensación que vivir es como estar montado en una extraña rusa que da vueltas sin parar. Y lo cierto, es que durante el trayecto uno piensa más de una vez, para que subió a ésta atracción de feria, cual es el objetivo de dar tantas y tantas vueltas.

Lo cierto, es que cuando tenía 18 años pensaba que no tardaría mucho en conocer la respuesta, ¡ignorante de mí! Seis años, y dos licenciaturas después, y la verdad es que no tengo la respuesta… es más, a pesar de tener la impresión de haber aprendido muchísimas cosas sobre la extraña montaña rusa en la que estoy montado… creo que cada día tengo en la mente más preguntas acerca de su funcionamiento y del misterioso ingeniero que la creó.

Y eso a pesar de haber tenido más de mil compañeros de vagón, de haber estado en lo más alto y en lo más bajo, o haberle hecho cientos de preguntas sin respuesta a la persona que me vendió el ticket para subirme en esta curiosa atracción de feria…

Sí, lo sé, últimamente me he puesto muy introspectivo en el blog… y eso a pesar de que cuando lo creé tenia un mandamiento que he violado de manera sistemática una y otra vez: Qué este blog fuera lo menos personal posible.

Pero es que, querid@s amigos, escribir es hablar de uno mismo, de lo que le define… y uno siempre habla de lo que conoce; No puedo escribir sobre la luna, porque nunca he estado allí (por lo menos no de manera física)… pero si que puedo disertar acerca de mis vivencias en la tierra, de los momentos que he compartido con mis amig@s, de las películas que he visto, de las alegrías y penas que he experimentado… porque sí, sin duda, todo esto es lo que hace que merezca la pena el viaje en esta extraña montaña rusa llamada vida.

Seguiré dando vueltas espero que mucho tiempo más, pero eso sí, les prometo que volveré a escribir artículos “más ligeros” y desenfadados; Esto será después de la entrada “especial” que servirá para celebrar un hecho importante para este blog: 40 artículos publicados en “la bombilla perdida”. Les esperó la próxima semana.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Para aquellos que sintonizan "teletecho"...

Juro que lo he intentado. Me he acostado, he cerrado los ojos y… sí, lo han adivinado… obviamente, no he podido dormir, porque si lo hubiera conseguido, estas líneas no existirían.

La verdad es que durante el día uno se puede distraer con cualquier cosa con tal de “no pensar” (curiosa expresión que se le asigna a una acción totalmente irrealizable, ya lo decía Descartes: “Pienso luego existo”). Mejor dicho, se tendría que decir, tratar de no pensar en lo que no se quiere o no se debe pensar. Sigamos con la disertación, que me pongo pedante…

Total, que con el firme propósito anterior, uno se pasa el día “haciendo cosas” (otra de esas extrañas expresiones sin sentido): viendo películas, hablando con la gente, tomándose unas cañas con los amigos, leyendo, trabajando (o por lo menos haciendo como que trabaja…), pero lo cierto es que hay un momento durante el día, en el que ya no te puedes volver a mentir a ti mismo, es el momento de “la verdad”; ese instante en el que nos es totalmente imposible inventar una nueva treta con la que lograr escapar de nuestros propios pensamientos, de nuestros verdaderos sentimientos…

Si, estoy hablando del momento en el que uno se acuesta en su cama y cierra los ojos esperanzado en que la luz de la conciencia se apague por unas horas… pero no, la bombilla sigue encendida… y por mucho que le des al interruptor, allí permaneces, con la única compañía del tic-tac del despertador en continúa cuenta atrás.

Es la ley de quien es aficionado al ocio nocturno (por llamarlo de alguna manera) y sintoniza “teletecho” con asiduidad; pasar la noche en vela acostado en la cama mirando el techo de la habitación (como si de la nueva televisión de plasma del salón se tratara), pensando… ¿o tendría que decir mejor, pensando que uno piensa?

Lo más curioso de todo, es que los “teletechos” son extremadamente caprichosos y no se dejan controlar por nadie. Sí, se rebelan contra sus dueños y emiten lo que “les da la gana”, ajenos a la voluntad y deseo de sus poseedores. Para muestra un botón; Mi “teletecho” aparentemente solo tiene un canal, que además emite el mismo programa una y otra vez, y sin anuncios… y eso a pesar de que luche con todas mis fuerzas por cambiar de canal, aunque lo re-sintonice para captar nuevas frecuencias, o incluso renueve una y otra vez las pilas del mando a distancia de mi cabeza.

En fin, este pobre insomne que aquí habla, les abandona, dispuesto a lograr la más épica y heroica hazaña que una persona pueda alcanzar en estas intempestivas horas de la madrugada: Apagar por fin el perverso “teletecho” y dormir como una marmota.

Buenas noches queridas bombillas y “bombillos”; Y recuerden, tengan mucho cuidado con los “teletechos”… quedan avisados.

martes, 12 de octubre de 2010

“La noche es más oscura justo antes del amanecer”

La noche tiene algo de mágica… no se si es por las estrellas, allí arriba sobre nuestras cabezas… o por el silencio solo roto por el murmullo de los grillos y el tic tac de un reloj…

Si tuviera que elegir un momento de la noche, me quedaría con los minutos que preceden al amanecer, cuando las sombras lucen más oscuras que nunca… aguardando que el alba se haga dueña de ellas, esperando la dulce melodía que cuchichea la mañana cuando se levanta revoltosa y juguetona arrojando sus primeros rayos de luz.

Es justo cuando la aurora está a punto de llegar... cuando los sentimientos laten más fuertes que nunca, quizás conscientes de que ahora les queda una noche menos. Es la irrebatible dictadura del tiempo, que continua su camino ajeno a todo, como lo hace el camión de la basura que recorre las calles de la ciudad que duerme tras el crepúsculo.

El tiempo, ese invitado tan extraño… cuantas veces hemos intentado detenerlo, como quien hace “autostop” levantando la mano con la inocente ilusión de que alguien decida parar. Pero no, el tiempo pasa de largo… ¿Cómo nos iba a ver si somos tan pequeños para él?... ¿acaso paran los trenes para que suban a ellos las hormigas?

Y cuantas veces hemos querido lo contrario, que el tiempo pase y se lleve nuestros escombros… como quien deja los muebles viejos delante del contenedor, anhelando que el camión de la basura pase y se los lleve a un lugar donde no poder volver a encontrarlos.

En fin, pasan las palabras y por mi ventana la noche se bate en retirada para volver a su madriguera, cansada ya de hacer guardia. Hasta mañana querida noche, descansa en tu madriguera, pero eso sí, prométeme que soñaras con los que mañana te volveremos a rondar en silencio, como siempre lo haces tú con nosotros... con tus fieles amantes. A veces gracias a ti las cosas se hacen más claras.

viernes, 8 de octubre de 2010

Las redes sociales, el extraño síndrome de la "mujer-kodak", y el legendario Barney Stinson

Últimamente estoy bastante ocioso… así que hoy voy a hablar de un tema recurrente en esta bitácora: Las mujeres y las redes sociales. Presten máxima atención, porque la cuestión que hoy voy a plantear es totalmente trascendental: ¿Por qué a las mujeres les gustan tanto las redes sociales? ¿Por qué podemos encontrar en sus perfiles, miles y miles de fotos?¿Por qué en algunos casos extremos parece que la cámara de fotos se haya integrado en el brazo de estas féminas para acabar formando una nueva extremidad?... Y todo eso sin hablar de sus muy extrañas poses que parecen a veces esconder mensajes ocultos difícilmente inteligibles para el resto de la raza humana… En fin, “la bombilla perdida”, en su afán por llegar a la verdad, se ha puesto en contacto con algunos científicos y expertos en la materia (incluido el mismisimo Stephen Hawking... que ha decidido aparcar todos sus proyectos profesionales, para colaborar, en exclusiva mundial, con "la bombilla perdida"). Veamos el resultado de todas estas sesudas investigaciones:


- Las “voces autorizadas” consultadas por este medio, nos hablan, en primer lugar, de “La teoría de las mujeres- coca cola”. ¿Y en que consiste esta teoría? Pues muy simple; según los expertos consultados por esta bitácora, el funcionamiento de algunas mujeres en lo referido a las fotos y las redes sociales, sería muy cercano al de la marca coca-cola en los medios de comunicación: Es decir, como ocurre con esta marca de refrescos, todos sabemos de la existencia de “las mujeres-coca cola"… pero aún así, al igual que hace la marca con sus innumerables anuncios de televisión, a estas mujeres les gusta recordar al resto de la humanidad, de vez en cuando, que siguen estando, por así decirlo, en el mercado (que están vivas, vamos...).

¿Y como lo hacen? Pues colgando en las redes sociales las fotos de sus “últimas hazañas”... Una estrategia que en Marketing se llama “posicionamiento”, y que está dirigida a definir el lugar que ocupa una marca (en este caso una mujer) en la mente del consumidor, lo que constituye la principal diferencia que existe entre esta y su competencia (entiéndase aquí, el resto de mujeres).

- Los expertos también nos hablan de la ya bautizada como “teoría de Belén Esteban y la Campanario”. Para entender esta hipótesis hay que explicar antes un concepto del mundo femenino que me resulta especialmente atractivo y apasionante; Todo buen grupo de amigas tiene su reverso… es decir, otro grupo de féminas rival al que suelen odiar por hechos de vital importancia tales como “que las miran mal”, o que supuestamente “son unas busconas”. Para entendernos, sería algo así como en “La Guerra de las Galaxias” la lucha de los Jedis contra el malvado Imperio, la confrontación en “The Karade Kid” del chaval protagonista con el clan de los diabólicos “Kobras”, o el duelo eterno (que da nombre a esta teoría) entre la pizpireta Belén Esteban y la maquiavélica Campanario.

Lo interesante de todo esto, es que en pleno siglo XXI, la guerra ha llegado a las redes sociales, y los clanes enfrentados utilizan las Web 2.0, ya sea para arengar a sus compinches mediante comentarios elogiosos (la guerra es dura y hay dar moral a las tropas…), o para agregar a “alguna arpía” del clan enemigo, y así poder criticar junto a sus amigas, las sandalias o la falda de la enemiga irreconciliable del grupo rival, eso sí, no sin antes escribirle algún mensaje del tipo ¿Qué tal? (esto último digamos que forma parte de la “liturgia” y es algo así como un ritual; como por ejemplo cuando los luchadores se dan la mano antes de darse estopa, o como cuando Mourinho “calienta” un partido en la rueda de prensa).

- Por último, fuentes bien informadas consultadas por este blog, nos hablan del empleo de diversas técnicas “de guerra”, que son muy utilizadas por las féminas en las redes sociales: Hablamos por ejemplo de la “técnica de la sonrisa Colgate”, que se basa principalmente en la utilización de una sonrisa tipo (hay incluso algunas féminas más sofisticadas, que poseen todo un amplio “arsenal” de sonrisas preparadas para ser lucidas en las fotos de Facebook y Tuenti). ¿Y para que sirve esta técnica? Pues el objetivo es claro; mostrar a las malvadas y ruines archi-enemigas, que son más felices que ellas, y que sus vidas son más interesantes que las de estas supuestas arpías.

Para acabar esta entrada, voy a citar al respecto de este tema, una teoría del genial Barney Stinson de “Como conocí a vuestra madre”: Según sus propias palabras existe lo que podríamos denominar como “El efecto animadoras”, que se produce cuando en un grupo de chicas todas parecen atractivas… pero esto solo da cuando están en grupo, ya que en cambio, si las analizas individualmente pierden mucho físicamente. Esto es también conocido como “El efecto paradoja, el síndrome de la chica de la hermandad” o “La conspiración de las Spice Girls”. En fin, que mejor que unas palabras de Barney Stinson para cerrar esta entrada. Buenas noches queridos amig@s... ¡Y que maravillosas que son las mujeres!

jueves, 7 de octubre de 2010

La pequeña bombilla que nunca olvida y su particular álbum de palabras…

Hace un par de horas, estaba leyendo en Internet algo así como “un manual para hacer que tú blog sea exitoso”. En estos diez mandamientos para alcanzar la gloria en la blogosfera, se hablaba de que había que “ceñirse a un tópico común” y de que “las entradas no debían ser excesivamente largas”.

En fin, la verdad es que este humilde blog se caracteriza por todo lo contrario; Entradas extremadamente largas y densas, y contenidos extremadamente variados que van desde la reflexión casi filosófica hasta el humor más surrealista y a veces casi absurdo. Pero la verdad es que me alegra que este bitácora sea así, porque por encima de todo, este es mi blog, o lo que es lo mismo, el lugar donde comparto mis inquietudes y esperanzas, con todas las personas que me quieran leer.

Y ahora soy más consciente que nunca, que en este año y medio de vida de “la bombilla perdida”, he hablado aquí de las cosas de las que realmente tenia ganas de hablar… sin importarme lo heterodoxo de los contenidos o la frecuencia de las entradas del blog. Y me alegra, porque al fin y al cabo soy una persona bastante poco amante de las fotos, y considero a “la bombilla perdida” mi verdadero álbum de fotos… o mejor dicho, mi “álbum de palabras” de este último año y medio de mi vida.

Bueno, centrándome en el tema que hoy quería tratar, les planteo una pequeña gran cuestión: ¿Quién no se ha levantado una tranquila mañana, y se ha sorprendido al recordar que en el sueño que acababa de soñar (lo sé, parezco ya un gafapastoso utilizando estas expresiones…), aparecía una persona de la que hace 5 o 10 años que no sabe nada?

La verdad es que no deja de ser una sensación extraña, pero que a mi parecer no es más que la constatación de toda una certeza: Nuestro “disco duro vital” guarda una muy completa “base de datos” de todas las personas que hemos conocido… o en otras palabras más sensibles… no olvidamos a las personas que hemos conocido, sino que simplemente nos acostumbramos a vivir sin ellas.

Y en este punto, no solo hablo de nuestros particulares “amores”, porque utilizando un poco el sentido común… ¿Cómo vamos a eliminar de nuestra memoria, por ejemplo, a una persona en la que hemos pensado durante miles y miles de horas de nuestra existencia? Eso es a todas luces imposible, aunque algunos afirmen lo contrario, temerosos quizás de admitir que hay cosas más grandes que nuestra propia voluntad (por muy grande que ésta sea).

Lo cierto, es que a otra escala, también me descubro a veces pensando en personas que dejaron mucho menos huella en mi, pero que allí están, en mi memoria… aunque haya llovido mucho desde la última vez que supe de ellas. En este sentido, en el último año me sucede algo bastante extraño que nunca antes me había sucedido (al menos no tan repetidamente); La mayoría de personas que "descubro" últimamente me recuerdan a otras que ya habia conocido anteriormente… hasta el punto, de a veces visionar en mi cabeza la imagen de mi alter-ego en “50X15: Quien Quiere ser millonario” intentando responder a Carlos Sobera la siguiente cuestión; ¿A quien le recuerda la voz, la sonrisa, los gestos, o la formas de moverse de la persona que acaba de conocer?

En fin, no dejan de ser pequeñas paranoias en mi cabeza, que he sentido la necesidad de compartir hoy con todos ustedes… aunque admito que mi tesis de que “no olvidamos a las personas que hemos conocido” es científicamente débil, porque… ¿Si hemos olvidado a una persona, como nos vamos a acordar de que la hemos olvidado… si tan siquiera nos acordamos de haberla conocido?...

Bueno, voy a “olvidarme” de escribir por unos días, no sin antes citar dos frases cinéfilas muy adecuadas para esta disertación; “Cómo quieres que te olvide si cuando comienzo a olvidarte me olvido de olvidarte y comienzo a recordarte” (de la película Annie Hall, de Woody Allen), y “Y ya no sé si es un recuerdo, o el recuerdo de un recuerdo lo que me va quedando…” (“El secreto de sus ojos”, de Campanella). Buenos noches queridos amig@s, y no olviden a esta pequeña “bombilla perdida”.

sábado, 2 de octubre de 2010

Sobre la misteriosa escalera que separa la vida de los sueños...

Alguna que otra vez he hablado aquí de mis años de peripecias en dos residencias universitarias de Alicante… ¡Que tiempos aquellos!... Y pobres mis hijos y mis nietos, cuando dentro de unos años les martirice contándoles una y otra vez aquellas míticas batallas... pobrecillos, no saben lo que les espera…

En fin, cuento esto, porque hoy voy a presentar aquí un fragmento de un texto que escribí para el acto de apertura del curso de hace dos años, cuando aún era “presidente” (el delegado de alumnos de toda la vida, vamos) de la residencia de estudiantes “Villa Universitaria”.

El fragmento podría, desde luego, haberlo escrito ayer, ya que presenta un tema muy actual en mi vida, y en la de tantos millones de jóvenes y no tan jóvenes; A pesar de estar en posesión (desde la semana pasada) de dos licenciaturas… me veo ante mi un futuro lleno de dudas e incertidumbres, en la que palabra “crisis” resuena una y otra vez en mi cabeza... como lo hacía la inolvidable música de Bernard Hermann en la famosa escena de la ducha de “Psicosis”… En fin, aquí va:



Pero también he de reconocer que a veces estos recuerdos y estos momentos se entremezclan con otros pensamientos y sentimientos negativos. Y eso, a pesar, de que trate de parar los segundos, de que intente degustar cada instante que se cruza en el fugaz tiempo que se hace dueño de estas palabras, hasta que decide dejarlas escapar para que lleguen a vosotros.

Me refiero a esos momentos de incertidumbre, cuando reflexiono acerca de lo que va a ser de mi vida a partir de finales de enero, cuando vuelva de este viaje que me ha llevado bastante tiempo…

Reflexiones que no serán tan distintas a las de otros estudiantes, que cansados de correr en una carrera en las que no son capaces de atisbar la meta… en la pancarta del último kilómetro, o en mitad de carrera… o quizás incluso en su inicio… se preguntan si realmente vale la pena, si quizás no hubiera sido mejor parar en seco hace mucho tiempo… o ni tan siquiera haber empezado, y así, más cómodos, ver como son otros los que estrellan.

Se preguntan si se han hecho dueños de sus horas y su destino, si en estos tiempos en el que el mercado laboral es más oscuro que nunca, en el que los jefes parecen tan distantes, y en el que la palabra crisis resuena con todo su eco, tendrán una oportunidad, tendremos una sola oportunidad, de demostrar que merecemos algo más… más cerca de aquello que algún día soñamos, o imaginamos, y que cada día vemos más lejano, como si entre la vida y los sueños hubieran más peldaños que los de una escalera que se hubiera montado en esta sala y que llevara directamente a la luna.

En esos mismos instantes, cuando parece que nada puede ir peor, cuando te has cansado de correr o de remar, cuando piensas que solo eres un mediocre grumete que no tira hacia delante dándose ya por ahogado… recuerdas que la vida es aprender, que en la universidad te dijeron que las cosas se consiguen con esfuerzo, que cada reloj de cada quien tiene diferente hora, que son demasiados cosas las que escapan a nuestro control… y que el día que acabes la carrera, que acabemos la carrera…el futuro seguirá siendo complicado… como siempre…pero que si de verdad, deseamos con todas nuestras fuerzas un brillante futuro, si de verdad luchamos por lo que es nuestro, si tenemos una actitud positiva, estaremos más cerca de tener esa oportunidad.

El que aquí les habla, espera que el día de mañana, dentro de no demasiado años, algunos de los que estamos aquí como estudiantes… desde otra posición, ya sea como arquitectos, médicos, políticos, abogados, periodistas, empresarios o cualquier otra profesión para los que nos hayamos preparado, podamos escuchar las pequeñas historias de otros estudiantes, que serán, como nosotros ahora mismo, jóvenes e ingenuos… pero de los que ojala… admiremos sus ganas e aprender y su esperanza en el futuro.
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