Entrada 41. Ya estamos en diciembre. Otra vez. Pues sí, como pasa el tiempo… esto da vértigo. La vida pasa delante de nosotros, y nosotros, a veces, perdemos mucho (demasiado) tiempo intentando descifrar sus misterios...
La vida, la muerte, la felicidad, el amor, el sufrimiento… no se si merece la pena pensar sobre ello, porque dudo mucho que se pueda extraer alguna conclusión razonable. En este sentido, ahora mismo me estoy acordando de una conversación que tuve hace un tiempo con una amiga; discutíamos sobre porque las cuestiones del amor tenían que ser tan complicadas.
Su razonamiento era el siguiente; Si todo fuera fácil y sencillo, todo seria demasiado aburrido… la vida carecería de la más mínima emoción. Y es que lo cierto es que una vida sin penas, es una vida sin ilusiones, ni alegrías… sin ninguna emoción… Algo así como convertir nuestra existencia en una larga tarde de domingo en la que no pasa absolutamente nada.
Pues sí, si todo fuera como lo planeamos y/o deseamos… la vida sería algo como ir al cine y que antes de entrar a la sala, el vendedor de palomitas le contara a uno todo lo que sucederá en la película que va a ver a continuación. Pues vaya gracia. Si sabemos de antemano todo lo que va a acontecer, no hay emoción, no hay misterio, ni magia, ni comedia, ni drama. Hasta las palomitas perderían su sabor…
En fin, no me voy a extender demasiado con mi reflexión. Al fin y al cabo, no creo que descubra nada nuevo, ni tampoco llegue a definir con absoluta certeza a que genero cinematográfico pertenece la vida... ¿Es acaso una comedia? ¿o un drama?... ¿una de suspense tal vez? ¿un film de terror? ¿una de amor?... ¿o quizás una tragicomedia? o tal vez todo junto y revuelto...
No me alargo más, así que les dejo con algo interesante que leí en Internet. Desconozco su procedencia (no me extrañaría que fuera una de esas supuestas leyendas orientales que rulan en los powerpoints adjuntos a los dichosos emails en cadena con los que saturan a diario nuestros correos electrónicos), pero la verdad es que me hizo pensar, y mucho. Buenas noches queridos amig@s.
“Cuentan que un caminante llegó a un cementerio en las afueras de un pueblo. Cuando se acercó a la primera tumba, la lápida tenía grabado el siguiente mensaje: "Abdul Tareg vivió ocho años, seis meses, cinco semanas y tres días". El caminante se entristeció, pues pensó en la tragedia que la familia tuvo que haber pasado al perder un niño tan pequeño.
Luego se acercó a la siguiente tumba y leyó: "Yamir Kalib vivió cinco años, ocho meses, tres semanas y un día". Pensó:
"¿Otro niño?". No podía comprenderlo. Seguidamente dio una mirada rápida a todo el cementerio y descubrió que todas las tumbas tenían grabadas edades que no pasaban de los 12 años. Estaba golpeado emocionalmente.
¿Qué tipo de desastre tenía que haber pasado en este pueblo para que murieran tantos niños? El guardián del cementerio, acostumbrado a las reacciones de los forasteros ante las tumbas, se le acercó y le explicó:
En nuestro pueblo tenemos una costumbre: a los 15 años todo joven recibe de sus padres una libreta para apuntar todos los momentos en que realmente fue feliz.
Al morir, se suman los momentos de la libreta en que la persona fue feliz y se inscriben en la lápida. Aquí creemos que el verdadero tiempo vivido es el tiempo en que fuimos felices"

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