Juro que lo he intentado. Me he acostado, he cerrado los ojos y… sí, lo han adivinado… obviamente, no he podido dormir, porque si lo hubiera conseguido, estas líneas no existirían.
La verdad es que durante el día uno se puede distraer con cualquier cosa con tal de “no pensar” (curiosa expresión que se le asigna a una acción totalmente irrealizable, ya lo decía Descartes: “Pienso luego existo”). Mejor dicho, se tendría que decir, tratar de no pensar en lo que no se quiere o no se debe pensar. Sigamos con la disertación, que me pongo pedante…
Total, que con el firme propósito anterior, uno se pasa el día “haciendo cosas” (otra de esas extrañas expresiones sin sentido): viendo películas, hablando con la gente, tomándose unas cañas con los amigos, leyendo, trabajando (o por lo menos haciendo como que trabaja…), pero lo cierto es que hay un momento durante el día, en el que ya no te puedes volver a mentir a ti mismo, es el momento de “la verdad”; ese instante en el que nos es totalmente imposible inventar una nueva treta con la que lograr escapar de nuestros propios pensamientos, de nuestros verdaderos sentimientos…
Si, estoy hablando del momento en el que uno se acuesta en su cama y cierra los ojos esperanzado en que la luz de la conciencia se apague por unas horas… pero no, la bombilla sigue encendida… y por mucho que le des al interruptor, allí permaneces, con la única compañía del tic-tac del despertador en continúa cuenta atrás.
Es la ley de quien es aficionado al ocio nocturno (por llamarlo de alguna manera) y sintoniza “teletecho” con asiduidad; pasar la noche en vela acostado en la cama mirando el techo de la habitación (como si de la nueva televisión de plasma del salón se tratara), pensando… ¿o tendría que decir mejor, pensando que uno piensa?
Lo más curioso de todo, es que los “teletechos” son extremadamente caprichosos y no se dejan controlar por nadie. Sí, se rebelan contra sus dueños y emiten lo que “les da la gana”, ajenos a la voluntad y deseo de sus poseedores. Para muestra un botón; Mi “teletecho” aparentemente solo tiene un canal, que además emite el mismo programa una y otra vez, y sin anuncios… y eso a pesar de que luche con todas mis fuerzas por cambiar de canal, aunque lo re-sintonice para captar nuevas frecuencias, o incluso renueve una y otra vez las pilas del mando a distancia de mi cabeza.
En fin, este pobre insomne que aquí habla, les abandona, dispuesto a lograr la más épica y heroica hazaña que una persona pueda alcanzar en estas intempestivas horas de la madrugada: Apagar por fin el perverso “teletecho” y dormir como una marmota.
Buenas noches queridas bombillas y “bombillos”; Y recuerden, tengan mucho cuidado con los “teletechos”… quedan avisados.

Marchano :)
ResponderEliminarMe hago automáticamente fan de todas tus entradas, que son mucho más que entradas, podrían ser perfectamente columnas de cualquier revista-perídico que se precie... Me ha encantado especialmente este párrafo 'La verdad es que durante el día uno se puede distraer con cualquier cosa con tal de “no pensar” (curiosa expresión que se le asigna a una acción totalmente irrealizable, ya lo decía Descartes: “Pienso luego existo”)'
Congrats!
Un besazo :D